sábado, 9 de febrero de 2008

Werther, el sufrimiento natural


Werther
Johann Goethe


Dado los tiempos que vivimos, lanzarse al gozo de los clásicos logra replantearnos los dilemas humanos, y sobre todo, descubrir que no hemos variado nuestra naturaleza. Leer Las angustias del joven Werther es una maravillosa oportunidad de adentrarnos en los sufrimientos más básicos del ser humano: cuando se encuentra una causa.

En estos tiempos en donde los modernos “poetas” juegan a decir “es que te quiero gua gua”, leer a Goethe se vuelve una oportunidad de volver los ojos a uno mismo, a la reflexión del ser humano, a sus motivos, a su desesperanza, al sufrimiento heroico, a donde las acciones tienen un valor y peso clave en las consecuencias.

Werther es la descripcipon del joven que sufre por el amor, por la condición humana y su explicación, en la búsqueda de la justicia, de lo correcto, de lo virtuosos, de preguntarse si lo que nos separa en verdad nos separa o es algo construido por nuestros sentidos. Es el retrato de un alma vigorisa que paulatinamente se va asfixiado en las pasiones más elementales.

Werther es la metáfora del espíritu que busca la libertad, apegado al más puro estilo platónico del diálogo interno es que nos vamos adentrarndo en las angustias de un joven (o de una sociedad)que está huyendo o que se está buscando. Goethe logra una reflexión cálida, profunda, donde terminamos siendo ese confidente de sus preguntas y del acto humano.

Quien se adentre en la literatura de Goethe sabrá que entra a una lectura sensual, al origen del Sturm und drang, donde siente en cada carta que gira a Guillermo que las nubes se arremolinan, donde la idea es tormentosa, donde la naturaleza se vacía ante nostros, es el ejercicio del poeta que no sabe que hacer ante el poderío del universo. Goethe es la línea del romanticismo, de esa parte de alma que es posible que todos tengas, y que podemos encontrar cuando dejemos de lado tanto plástico vulgar que acecha nuestro espíritu.
Y si Werther busca en la naturaleza humanas las respuestas, en su ideilización de Carlota es que llega a la expisción del deseo, de un deseos natural, impetuoso, puro y firme, pero que como fatalidad universal, no se puede cumplir, es por eso que resulta glorioso.

El dolor, la expiación, la libreación, la tormenta, el viento, el fuego y la fuerza la naturaleza es encarnada por el sufrimiento de Werther por no tener lo que en verdad descubre que desea, a Carlota. La profundidad del sentimiento es una avalancha de sentimientos, de pasión y de angustia que arrasa al joven; se trata de un camino que cada vez se hace más angosto hasta que encuentra la única solución posible a sus sufrimientos, que es la muerte. El hombre enfrentando su destino, ineludible y sometido por la naturaleza de los eventos.

Pero no se trate de una muerte absurda, necesita tintes heroicos, y en que Werther sólo alcanzará la disculpa y perdón por medio de su amada Carlota, sin saberlo será quien le dé el instrumento liberador, y mas aún, no será un final breve, no puede ser automático, el sufrimiento se presentará como una lluvia de verano que toma su tiempo en formarse y dejarse sentir en la campiña.

Werther es un relato del ser humano a manos del destino, de la duda, de la búsqueda, donde el universo es un cómplice del los sentimientos, que a su vez, son profundos, que su vez son aplastantes, tan densos como el destino.

domingo, 3 de febrero de 2008

La maldición que ni Diosito puede romper



El resplandor
Mauricio Magdalena
Lectorum, 2001

Juan Rulfo es el gran referente sobre la visión del campo mexicano, del mundo indigenista, de ese México que tanto les duele a los políticos mexicanos cada seis años, esos que han sido remitidos a la vulgaridad del folklorismos al estilo “México magia y encuentro”.

En esta ocasión me encontré con una novela que habla del campo mexicano, y resulta agradable leer algo de este tema más allá del referente Juan Rulfo. Maurico Magdaleno es un escritor que desarrolló la novela, la dramaturgia, la biografía, así como estudios críticos de historia y literatura, ¿por qué no es más conocido?, quizá porque la revolución aún no le ha hecho justicia.

Revisando sui biografía (1906-1986), se descubre que su novela El resplandor es una de sus obras más emblemáticas. La historia se significa como un mosaico muy completo, si se me permite la apreciación, tridimensional, pues no se conforma con poner al indígena como víctima, tampoco al político como el verdugo perverso, la sociedad burguesa de la época también aparece, y sin embargo y ni así queda como la indiferente ante el dolor, es decir, con todo lo que se pudiera pensar El resplandor es la exposición del universo mexicano.

San Andrés de la Cal es un pueblo como puede ser cualquiera, ni más pobre ni más miserable que el resto de las comunidades indígenas de este país (o del continente), que trabaja en condiciones desesperantes, en un universo particular donde el progreso, el desarrollo o la suerte, son sólo palabras que se escuchan en cada una de las campañas de los políticos que sólo obtienen ventaja de su número.

El resplandor, paradójicamente inicia con el panorama más negro: la huida, del párroco de la comunidad, la única esperanza de la “indiada” da la mejor explicación que va a englobar a todo el relato: abandono, cerrazón, falta de voluntad, el avanzar sin llegar a ningún lugar. San Andrés de la Cal lo tiene muy claro, hasta Diosito los ha abandonado, lo cuál es algo peor que el final, significa que alguien puede ocupar su lugar.

Magdaleno no resiste la idea de explicar y unificar su relato con algo que remite al pasado "glorioso" de este país, el símbolo de la prosperidad: la hacienda Las brisas, y esta hacienda es importante pues es algo así como ese pasado porfirista que los gobiernos revolucionarios se empeñan (más bien se empeñaban, pues ahora la revolución quedó como un mito del México viejo) en criticar como si se tratara del oscurantismo, pero que no es más que ese pasado que lo tienen marcado en sus hábitos como si fuera una cicatrizen la frente.

¿Pero que es lo verdaderamente trágico en El resplandor?, que se presenta el último engaño, o tal vez el engaño en su nueva dimensión. Saturnino Herrera es lo que viene. Saturnino es un niño huérfano que fue adoptado por el gobernador del estado (Hidalgo) y que a la vuelta de los años regresa como candidato a gobernador. Saturnino encarnará a ese político revolucionario que es el que defiende a los pobres, el que surge de la misma gente, el que tiene la idea de la lucha social, que busca la mejora de los desposeídos, que enfrenta la eterna amenaza de la revolución: los ricos, los burgueses, los reaccionarios. Saturnino herrera es un cachorro de la revolución, es el nuevo hijo bastardo del ogro filantrópico, pero surgido del pueblo mismo.

Mauricio Magdaleno, por medio de su prosa expone pasajes, creencias, costumbres, visiones del que tiene el poder y que ve en Las brisas a su primer y gran negocio, al tiempo que evidencia al indio que desea “una presita para tener agua para sus tierritas”, y que ve en Saturnino la gran oportunidad, pues uno de ello, de los rotos, es el que va a ser el gobernador del estado.

Pero la maldición está latente, Saturnino no dejará de ser nunca “El Coyotito” (su apodo de infancia), y de benefactor pasará a tirano, a ser lo mismo que todo, un animal dañino, no será salvador ni será la promesa del futuro, Saturnino no verá en la gleba sino a peones, indios que ni por ellos mismos se ayudan, que sólo beben pulque y no ven más allá del progreso que él desea, claro, donde Las brisas es el origen de toda ganancia.

Magdaleno expone en su obra todos los enfoques, no hay buenos, no hay malos, sólo se trata de la idea en que se basa este país, y parece que prevalecerá: servirse de México. No hay ideal, no hay plan, no hay mejora, se trata de servirse sin ningún tipo de escrúpulo, sin freno, sin limitante.

Sin embargo, no todo es el fin, Magdaleno expone con claridad que la maldición permanecerá, sí, donde Diosito los ha abandonado el diablo es el que llenará ese espacio, y donde la maldición que empezó con “El Coyotito” se actualizará, como si fuera un mito litúrgico, donde no importa el sueño, la desesperanza o la rebelión, simplemente, seguirán abusando los ricos y los jodidos, jodidos estarán hasta su liberación mortal. El resplandor, por medio de San Andrés de la Cal, de Saturnino Herrera, es tan sólo una estampa que a poco más de 80 años es imagen latente y ladina en nuestra existencia.