martes, 24 de julio de 2007

La voluntad en pos del poder

Más allá del bien y del mal
Federico Nietzsche

Hace un par se semanas, por la necesidad de meterle más información al disco duro (perdón por el término tan mecanicista) encontré un libro titulado Más allá del bien y del mal, de inicio el título me pareció muy atractivo. El autor, Federico Nietzsche me significa entre respeto y curiosidad.

No se trata de un libro literario como Así hablaba Zaratustra, pero el buen recuerdo de ese libro que a los 19 años me pareció incomprensible y a los casi 30 resultó absolutamente clarificador fue más que suficiente para internarme en el mensaje de Nietzsche.

Federico Guillermo Nietzche, nació en 1844, en Röcken, ciudad de la entonces Prusia sajona, tuvo una formación apegada a los clásicos, a la cultura y como parte de su genio creativo fue víctima de constantes malestares cerebrales. Y más que hablar de los detalles su vida vale decir que muere en 1900, justo el año en que Max Plank concibe el concepto de mecánica cuántica. Tal esto sea uno de esos chistes magistrales que la vida nos da cuando tenemos la perspectiva del tiempo.

Más allá del bien y del mal no es un libro sencillo, es denso, pero eso no le quita nada de valioso, de interesante, de irreverente, y con unas definiciones muy interesantes. Me parece que en el caso de Nietzche se tiene la misma mala reputación que Nicolás Maquiavelo, es decir, por ignorancia, por prejuicio o por perversión se les ha querido poner el título de malos, incluso de sádicos.

Si se me permite el paréntesis, me queda bien claro que lo que escribió Maquiavelo responde a la lógica de un mundo medieval donde las reglas eran parecidas a las modernas, sólo que no se cuidaban tanto las formas (imaginar a Maquiavelo ante una comisión de los derechos humanos me suena divertido). En el caso de Nietzsche el pecado es que se le haya asociado a la “filosofía” nazi. No digo que el autor alemán haya sido una “madre de la caridad”, pero me parece que la mala interpretación de sus ideas lo ha marginado de un estudio más intenso.

Entremos en materia, ¿qué nos podemos encontrar en las páginas de Más allá del bien y del mal?, un compendio de explicaciones y definiciones de lo que este hombre del siglo XIX encontraba en Europa. Una Europa presa de debilidades, de sentimientos hipócritas, débiles, pero que la consideraba la base de lo que tenía que sea mejor.

Nietzsche por medio de una prosa poderosa, crítica, frontal, e incluso cínica, da cierta luz sobre lo que hoy en la mecánica cuántica perfila: la teoría de sistemas, a la visión de la entropía, con algo de apertura, de negentropia. Pensemos la propuesta de un hombre del siglo XIX que sostiene que el ser humano es algo mucho más allá que una serie de respuestas medibles y esperables, cuando Pavlov espezaba a definir el perfil de sis estudios sobre el condicionamento, Freud con el psicoanálisis y la posterior aplicación pedagógica de Skinner; sin duda un concepto perturbador.

Como todo ensayo, Más allá del bien y del mal tiene la cualidad de no ser lineal; para todos los que hemos estado en un aula de clase (como alumnos o como docentes) resulta muy congruente que el escritor nos diga, palabras más, palabras menos: deja de pensar ingenuamente, el mundo es voluntad, y la voluntad se orienta al poder, de ahí que el poder te de derecho, autoridad para explotar de los demás. Sí, es una afirmación fuerte, incluso molesta, pero bien vale la pena reflexionarla y ponerla en perspectiva. Andar por la vida clasificando filosofías buenas y malas sólo sería fortalecer la idea del rebaño a la que el autor recurre periódicamente.


En este recorrido de definiciones e interpretaciones, expone el papel del hedonismo y escepticismo en las sociedades modernas del siglo XIX, ¿exclusivo del siglo XIX?, el autor hace una disección de actitudes en donde el espíritu es fácilmente presa de las debilidades, de la vulgaridad; critica la falta de objetividad, pero no siento que sea en la medida de vernos como objetos, sino a tomar compromiso con esa voluntad de hacer las cosas con fortaleza y deseo de superioridad sobre los demás.

Los reclamos se centran en los seres que no conformes con hacer su propia definición y explicación del mundo y que además buscan seguidores (adoradores) para que hagan verídica su mentira: se refiere a los filósofos. El autor va explicando detalladamente la manera en que el filósofo engaña, juega con los sentidos, pervierte a la juventud quitándoles el deseo de búsqueda pues afianza la creencia de un mundo predado en donde el todo se ajusta a la visión filosófica, no a la visión del hombre ante lo que tiene delante. Quizá este análisis sea el precursor de ese mundo cuántico que está ahí, que llena de posibilidades y que a la vez es tan complicado de entender.

Al final de su ensayo, Nietzsche asegura que en el mundo existen dos tipos de personas: el aristócrata y el esclavo, y no tiene reparo en hacer un recorrido por sus cualidades sustantivas. Aspectos como el poder, la voluntad, la igualación, el buen corazón, la generosidad, la competencia, la debilidad de la democracia, entre otros son descritos. Pero no me parece que exista la idea de decir si eres esclavo estás mal, si eres aristócrata estás bien, el texto sólo se concentra en hacer el recorrido por estas características y ya el lector podrá visualizando con su realidad. Nietzche funciona al nivel de analista de la sociedad, de una sociedad que estaba en la loca carrera colonialista, una sociedad que ahora está en la frenética carrera materialista y de estandarización.

Sociedad, teoría política, virtudes, cristianismo, y demás asuntos e instituciones son revisadas, y se llega a la idea de que todo esto en lo que vivimos ha estado presa de creencias que en lugar de hacernos avanzar nos han sumido en la misma relación de poder desde hace 25 siglos, y sin embargo, Nietzsche nos invita a que seamos gente libre, gente con convicciones, sin dudar en el avance, sin angustia de soledad, sin temor de vivir con propias reglas que por paradójico que suene, no es anarquía, es sólo el súper hombre como una realidad.

Nietzsche avizora al súper hombre, pero no en un sentido vulgar de racismo, lo plantea como un una manifestación de poder y de voluntad donde el más apto es el que termina por imponerse, ¿no ha sido así el mundo?, sólo que pone un pequeño candado: si el hombre como lo conocemos ya es un ser acabado, -piensa- es lo peor que ha hecho la naturaleza, por eso es que pone su atención en el ser humano como un ser inacabado, que está en vías de ser mejor, ¿no es eso lo que propone de manera global toda teoría cursi de autosuperación?

Nietzsche podrá ser acusado de ser el génersis del nazismo, ¿quién lo afirma como verdad absoluta?, ¿los patrocinadores del capitalismo que iguala y resta toda identidad en pos de las reglas del mercado, impuesta por unos cuantos?, ¿por el grupo clerical que acalla a las víctimas de sus hijos con miles de dólares, o que pone en el gran dilema el que el rito se efectúe en latín, como si fuera este el siglo XIV?, ¿acaso todos aquellos que se tragaron el cuento de que este autor es de los malos que promueve ideas extrañas donde la gente tiene iniciativa, busca poder y la libertad de pensamiento? Ojalá se lea más a Nietzche, y de muchos más, y se baje un poquito el pedestal al ser humano soberbio.

jueves, 19 de julio de 2007

Nelly y su departamento


Sentía la boca tan amarga como las cervezas que apenas unas horas antes habían corrido por su garganta. El sol brillaba en la ventana que tenía al lado derecho de su cama. Sólo abrió los ojos, pero la pesadez del su cuerpo le impidió moverse, no sentía deseos ni de estirarse, tan sólo abrió los ojos, no le importaba la molestia en el cuerpo, en el estómago, que aunque se incendiaba ya era una sensación conocida.

Sólo sus ojos se movían, parecía como si estuvieran siguiendo a la sombra que jugaba en las cortinas. Su habitación tenía el aire totalmente enrarecido, pero no importaba, estaba solo, quería estar solo, ansiaba que todo lo que ocurriera fuera de su habitación fuera fantasía, sueño, un engaño de sus sentidos, un engaño más.

Minutos, minutos, más minutos pasaban y no conseguía aclarar su mente. Trataba de recordar el momento en que había empezado todo, el instante en que se dejó guiar por algo que tal era instinto, que seguramente era vanidad, que fue la decisión peor tomada en el momento más inapropiado. Necesitaba repasar la película una y otra vez, pero cada vez que esto ocurría algo se distorsionaba, cambiaban los diálogos, las respuestas, los gestos, el ordenamiento de la cosas, el impacto de lo vivido. Era ver una película que en cada exhibición se transformaba.

¿Qué pasó por su mente cuando le dijeron: a que no te atreves?, –ese fue el momento en que su mente empezó a articular ideas- . Estaba ebrio, hacía calor, era agobiante la intensidad de las luces que de ese antro que no dejaba pensar con claridad. Sí, era una chica algo extraña, estaba sola, pero buscando, algo tosca de facciones, algo raro había en ella, pero había mucha agitación, había mucho alcohol, había mucho que exaltaba los sentidos, todo estaba conjugado para que él aceptara el reto y le invitara una copa más.

Claro –pensó-, eso de quedar como héroe es lo que me movió, lucir ante los demás, no quedarme con ganas de sentir algo, finalmente soy joven, soy guapo, son un modelo, soy admirable, ¿qué me puede pasar?, nunca me ha pasado nada, ¿por qué no me puedo atrever?

Maldito sea el momento en que di ese paso –al tiempo que se pasa la mano por la comisura del labio-. Ahora es tarde, ya estoy totalmente embarrado, hasta el cuello. Que si lo vemos con calma, desde otro lugar, nada me obliga, nada me compromete, en tanto sea discreto, después de todo, ¿es realmente posible que sea descubierto?

El sol avanzaba por la ventana, imitaba un fuga, ya era tiempo de levantarse, pero un nuevo arrebato de memoria lo dejó en la misma posición en que ya tenía rato: podemos ir a mi departamento –decía esa voz exquisita-, eres un chico agradable y creo que podemos pasarla bien.

Cuando volvió a repasar ese momento un nervio vibró en su brazo, parecía que había vuelto a revivir esa emoción de haber ligado tan fácilmente: todo gracias a un par de caballitos de tequila, sin duda estaba de suerte, y podía presumirlo ante las sonrisas maliciosas y algo envidiosas de sus compañeros.

Su departamento –recordaba- era sencillo, pero eso era lo de menos, él iba a lo que le correspondía, no estaba para fijarse, una cama sin cabecera no era tan o más digna que el asiento trasero donde conoció por primera vez el deseo satisfecho.

Pero si todo iba muy bien…, -meditó-, bueno, eso creo, porque tanto alcohol me dejó tan bruto que ya no me importaba qué hacía, ni con quien estaba, ni lo que hacía…, que buey, de verdad que no recuerdo nada, pero claro, cuando te encuentras a la mañana desnudo en la habitación de una mujer con la que pudiste pasar un rato divertido todo es diferente. En serio, qué podía estar mal, quién me podía reclamar algo.

Alzó sus manos, se jaló con algo de violencia sus cabellos al tiempo que se dijo con severidad: qué carajos vas a hacer…

Apenas unos instantes pasaron de su reflexión cuando la voz de su mujer le gritó desde la planta baja: ¡Mi amor, ya va a estar el desayuno, no te tardes, recuerda que tenemos que ir con mis papás!

Se quedó en silencio, no supo que responder, sabe que las palabras que salgan de su cavernosa garganta no serán adecuadas, serán graves, serán hoscas, serán tan diferentes a cuando se anda a la caza de una mujer solitaria, con deseo de ser acompañada y bañada de caricias.

Claro –se convence-, nadie tiene que saber, ¿pero ella estará tan tranquila todo el tiempo?, vamos, no podrá tener la curiosidad como la que tuve al meterme en las sábanas de Nelly ese día. ¿Qué hubiera pasado si tan sólo me visto y salgo del departamento, sin despertarla, claro, fue mi deseo no satisfecho de horas antes lo que me llevó a meterme a lado de su cuerpo, si no hubiera tenido tantos deseos no hubiera pasado nada. Nada se puede hacer, el mal momento ya pasó. Quien me oyera en este momento diría que estoy loco, además de tener su desprecio y asco asegurado.

En fin, tengo que levantarme, tengo que desayunar con una buena sonrisa, tengo que acompañar a Lucía con sus papás, también es bueno que los niños vean a sus abuelos, si tengo suerte podré estar en casa a eso de la media tarde, y si tengo aún mejor fortuna nadie me preguntará nada cuando salga. Todo depende si al rato encuentro a Samuel y no tiene nada que hacer, y así poder llevarle ese cuadro pintado con crayones para que su departamento no esté tan simple.

Caray, -pensó- ¿porqué tenía que meterme entre sus sábanas esa mañana?, ¿cómo enfrentar la mentira hacia Lucía?, ¿es que Samuel me lleva a la verdad de mí?, ¿por qué tendré que ser tan feliz en ese departamento en días como estos?

sábado, 14 de julio de 2007

Hesse y el giro de la rueda

Bajo la rueda
Hermann Hesse
Leyenda, 2003


Hermann Hesse es un autor conocido por el su novela El lobo estepario, sin embargo, en esta ocasión deseo profundizar en una de sus obras que no tiene tanta fama, pero que por el sello y estilo del autor tiene mucho que decir sobre el fenómeno humano y su trasformación.

Bajo la rueda (escrita en 1905) es una historia sencilla, incluso desesperante en algunas de sus descripciones que pueden parecer abundantes de acuerdo a criterios modernos de redacción, pero que son el marco que necesita crear el escritor para que su discurso sea coherente.

Hesse, nacido en la ciudad alemana de Calw (la selva negra) en 1877, se distingue como un autor naturalista, sin embargo me parece que tiene algo muy significativo, interioriza al ser humano de una manera tan particular que uno no puede mantenerse ajeno a los textos de su paisano Friedrich Nietzche, lo que en otro momento lo discutiremos.

En Bajo la rueda se expone una sencilla metáfora en donde sabemos que podemos estar en la parte alta o en la parte baja de la rueda (creo que todos hemos sido víctimas de esa expresión por alguna solícita abuelita), sin embargo, desde la pluma de Hesse podemos preguntarnos qué es estar abajo o qué es estar arriba de la rueda.

Es en esta metáfora en que vemos la vida de Hans Gieberath, un joven de alcances académicos brillantes, que es la esperanza toda su comunidad para que llegue a un colegio teológico de Stuttgart. El vicario, el alcalde, el mismo padre de Hans (José) tienen todas las esperanzas de que se convierta en un hombre culto, dueño de la verdad, de excelsas virtudes intelectuales, y es por ello que habrá que ayudarlo, habrá que fortalecerlo: clases de latín, lecciones de griego, estudio de matemática, horas adicionales de estdio filofófico, teológico, lo que sea para el joven Hans, quien no puede estar, de ninguna manera, expuesto al un eventual fracaso. No puede estar bajo la rueda.

La pluma de Hesse nos va dando diversas pinceladas en donde el ambiente veraniego, otoñal e invernal refleja el carácter y ánimo de Hans. Sí, es natural, entra al colegio de teología con el perfil de la responsabilidad que se le ha entregado, obligado a cargar. Pero el autor nos tiene la inclusión de Herman Heilner, un compañero de colegio que tendrá un contrapeso indiscutible en la vida de Hans. De entrada no nada casual las siglas del nombre de este personaje, y que se trata de un estudiante rebelde, inconforme, un espíritu libre, como diría Nietzche, que va a ser definitivo en a vida de Hans.

En tanto trascurre la historia, Hans va sufriendo cambios de perspectiva, de comportamiento, las dudas y los dolores de cabeza son cada vez más intensos, más profundos. El entorno donde está Hans lo percibe, la preocupación de las autoridades es pronta, no pueden permitir que un talento como el de Hans se desperdicie, se pierda, por la nefasta influencia de Heilner.

Una breve vista a la biografía de Hesse ayuda mucho para entender el tono biográfico de Bajo la rueda, es fácil comprender el significado de Heilner como el joven Hesse que manifestó desde su juventud la rebeldía, la búsqueda de algo diferente, de no ser parte del manso rebaño, sino de seguir una nueva guía, más allá de ser el único en ese camino.

¿Pero quién es entonces Hans?, ¿A quién encarna ese joven delgaducho, enfermizo y con serias dudas de su existencia?, la respuesta está la biografía de Hesse, lo que hará más interesante la lectura de la novela.

Sí, la vida de Hans va a cambiar, de estar en la parte alta de la rueda (¿el quería genuinamente estar en la parte alta?) pasa a estar en la incertidumbre de la parte baja (¿de acuerdo a Hans o de la sociedad?), el discurso de Hesse ahora se torna en la vida cotidiana, en la vulgaridad en que vive casi todo mundo. Ahí es que Hans entra en la espiral de los pensamientos internos y las posibles salidas que encuentra.

En los diferentes pasajes que vive Hans poco a poco se va haciendo un repaso de lo que fue su vida antes y después de sus estudios de teología (o de haber conocido a Heilner), y que son las dudas que supondríamos son naturales a todo aquel que desee observarse en una nueva perspectiva, el punto es: ¿nos gustará lo que encontremos en esa nueva perspectiva?

Cuando el lector descubra el final que Hesse encuentra para el joven Hans descubrirá que la descripción es clara y reflexiva: “Allá van esos caballeros que lo empujaron a esto…No se preocupe, amigo. Sólo he querido referirme a los profesores que tuvo”.

A lo largo de las cuartillas de Hesse podemos conocerlo, pero más importante, podemos conocer al ser humano, que es, sí, ese lobo depredador, del que más adelante nos ocuparemos
.

jueves, 12 de julio de 2007

La vigencia de la profundidad

La señora del perro y otros cuentos
Antón Chéjov
Espasa
Cuando la literatura se torna fresca y actual, me parece que es por una sencilla razón: vive en los sentimientos más profundos del ser humano. Claro, lo sencillo es la gran paradoja. Si se me permite el ejemplo, es algo que en Latinoamérica se da en el caso de fenómenos televisivos como Chespirito y su personaje del “Chavo del ocho”. La serie tiene más de treinta años de existencia, sin embargo las cargas emotivas se mantienen actuales cuando el Chavo desea enfermarse de varicela para poder comer tres veces al día. Me parece la ligereza de la serie no deja pasar la oportunidad para echarnos en cara lo que en más de diez mil años de “evolución” no hemos podido solucionar: un nivel aceptable de vida en lo general.
Regresando al hecho literario, he de comentar que ha sido gratificante toparme con una breve antología de Antón Chéjov, escritor ruso nacido en 1860 en la ciudad de Taganrog (próximo al mar de Azov), pero que por la calidad de su prosa, en este caso de cuentos, mantiene una vigencia derivada de su interés en la trasformación que sufren sus personajes, en sus acciones y en sus pensamientos, en la ya mencionada profundidad de los sentimientos.
La antología que encontré contiene cuatro cuentos: La señora del perro, Onich, El monje negro y Una historia anónima. Ya en alguna ocasión había leído un cuento, me parece que en la preparatoria, y me atrevo a decir que fui una víctima del sistema lineal y desintegrado de la educación, pues después de haber leído el cuento, el que haya sido, ni lo discutimos, ni lo vimos como parte de un sistema del autor, mucho menos como un discurso que merece toda la atención.
Ya en lo particular deseo comentar Una historia anónima. Este relato, por la versión de bolsillo se extiende por más o menos la centena de hojas, y que son bien empleadas para desarrollar una dualidad entre los sentimientos y las circunstancias del entorno, algo que es constante a los largo de los cuentos de Chéjov.
Una historia anónima, me parece, es titulada así por centrarse en una narrativa en primera persona, donde Stepan finge ser un criado que está a las órdenes del hijo de un prominente militar enemigo de la causa de Stepan. Con este simple escenario particular ya se nota la mano del autor para poner una narrativa en donde la apariencia y el engaño es clave para entender a los personajes (además del momento que estaba por vivir Rusia y su inminente revolución).
En este orden narrativo, Stepan es el testigo de las andanzas de Jorge Ivanich Orlov. Un hombre de 35 años que lejos de ser el factor clave para poder adentrarnos en las intrigas militares y políticas, se erige como un sujeto ligero, egoísta, eminentemente clasista, con profundos sentimientos y actitudes misóginas, donde la vulgaridad de su pensamiento exalta la banalidad y el placer inmediato, Orlov es el claro ejemplo de una nobleza decadente, mismo que facilita explicar lo que ocurriría con la caída del régimen zarista.
El punto para contrastar esta ligereza y egocentrismo es Zinaida Fyodorovna (es maravilloso el gusto de los autores rusos por usar nombres completos, incluso en la mujer amada). Zinaida es una mujer que lo deja todo por poder vivir su momento de alegría con Orlov. Zinaida es el factor desestabilizador para la vida libre y sin explicaciones que tiene y goza tanto Orlov.Ella pretende involucrarse, demostrar su compromiso intelectual, su deseo de integrarse a la vida de Orlov, aunque sea minizada a lo largo del relato.
En tanto se va desarrollando la historia, Stepan va dando cuenta de las andanzas y clasismos de Orlov, que continuamente busca la forma de espantar de su vida a su amante, de su interés por hacer ver a la mujer como un ser inferior, sin refinación y vulgar. Tal es la desgracia, la indigencia de Zinaida al lado de su hastiado amante que el autor nos va presentando de manera tácita el amor, deseo o lástima (el lector llegará a su propia conclusión) de Stepan por Zinaida.
El relato es complementado por la visita que recibe Orlov de sus “amigos” Pekarsky, un abogado influyente, pero que no reconoce ningún sentimiento humano. Kukushkin, un consejero civil que es capaz de soportar cualquier humillación por estar dentro de un círculo noble; y Gruzin, un artista indolente que toma lo que hay y si no hay, como se dice, ni sufre ni se acongoja. La prosa del autor hace, de este modo, una radiografía de todos los vicios, de las debilidades que van corrompiendo a un sistema social.
En todo este universo Stepan va sufriendo una trasformación, vamos, el origen de poder espiar se pierde, pero no es una debilidad del autor, es su sello, reconociendo que la vida no es lineal. Chéjov, da evidencia de que sus personajes no viven en la ley de causa efecto, sino que las emociones, más complicadas que simples, dominan al hombre. Es en este laberinto en que Stepan tiene que decidir si mantiene su mentira o surge la verdad. ¿Pero cuál verdad si todos los personajes son un cúmulo de vanidades, apariencias, de posturas en donde cada quien saca lo que siente más benéfico a su causa?
Aunado a lo ya comentado, no podemos soslayar el papel que el sacrifico tiene en la escritura de Chéjov. El laberinto, después de todo, tiene su rumbo, y bien definido, donde el sacrificio no es absurdo, tampoco ligero, es profundo, profundo como los personajes que son vivos y tienen que decidir lo que harán.

Chéjov juega con sus personajes: Orlov, que mientras más dignidad quiere proyectar más despreciable resulta; Stepan, quien primero buscaba espiar termina como cómplice de las mentiras de Orlov, Zinaida, que descubre que al salir de una infierno se puede brincar a otro de inmediato. Vamos incluso se presenta lo simpático cuando Stepan tiene ante sí al padre de Orlov y siente por él un cierto grado de simpatía (posiblemente el beneficio de la honrosa ancianidad).

Sí, Stepan actuará, hará lo que tenga que hacer para poder ganar un tanto de espacio y libertad, de autenticidad, ¿pero hasta qué punto tiene garantizado el éxito? Stepan volverá con Orlov, no como criado, y tendrá que tomar una decisión que nos dejará la angustiante duda: ¿finalmente existe el concepto libertad o sólo son caminos para terminar haciendo lo que de nosotros se espera?, incluso, ¿tengo opciones a lo que voy enfrentando como vida?
Lo divertido al momento de tomar a Chéjov es que no importa que tomemos cualquier cuento, no importa el problema que aborde, mucho menos la perspectiva que defina, al final sus relatos son similares, pero tan profundos que terminan, cada uno, con vida autónoma. Leer a Chéjov resulta una experiencia profunda y enriquecedora, más ahora que parece que la profundidad se aborda con la “observación” ligera de un adulto disfrazado de adolescente.

jueves, 5 de julio de 2007

La profundidad de la desgracia


Desgracia

J.M. Coetzee

Mondadori, 2000


John Maxwell Coetzee, en 2003 es reconocido con el premio Nóbel, no es poca cosa, desde luego, sin que eso quiera decir que de automático que es un escritor maravilloso. Poniendo en perspectiva, el Nóbel es el premio a una trayectoria, no por fuerza al mejor libro del homenajeado.

En esta ocasión voy a comentar lo que es su novela Desgracia, de 1999, y que en 2000 fue publicada en México por la editorial Mondadori.

La historia se puede partir en dos fases, al inicio vemos que un maestro universitario cumple con cierto hastío su compromiso con la literatura. En el universo de Coetzee no es para nada grato ni generoso, más bien profundiza en seres fríos, hartos de la vida, de la vulgaridad, sin conciencia optimista, ni de esperanza. Incluso, en cierto grado con un deseo sádico de salir huyendo con la mayor cantidad de daño posible de las circunstancias de la vida.

Es en este entorno universitario que se plantea una relación en donde el maestro universitario se interesa, no, se relaciona con una inestable estudiante que tiene problemas emocionales, de tipo familiar y de noviazgo. Pero Coetzee se resiste a poner un escenario en donde el viejo ve iluminada su vida por la joven, más bien pone un escenario de hacerlo porque no hay nada mejor que hacer, porque parecería que es parte del papel obligatorio que tendría que hacer.

Esto deriva en un escándalo, y es ahí en donde el sentido sádico del autor emerge, pues lejos de defenderse este oscuro sujeto, acepta todo, no opone resistencia, en el fondo no quiere ser despedido, pero tampoco quiere seguir siendo maestro universitario, ¿la vida es un dilema?, ¿el ser humano entregado al cumplimiento de un destino que le da lo mismo?, desde una visión simplista siento la influencia de Camus, de un existencialismo desencantado, sin aspiraciones, sin ánimos de ser cambiado.

La conclusión de esta parte de la historia es parte del pretexto que necesita el escritor sudafricano para entrar a los sentimientos más internos, de él y de sus vínculos familiares. Ya está desempleado, no tiene nada que hacer, y todo le da lo mismo, parecería que su iniciativa de ir a la casa de su hija es propia, sin embargo, más parece como la lógica de que al domingo sigue el lunes.

Es así como se da paso a la segunda fase del relato: mudarse con su hija, lo que significa salir de la ciudad (Johannesburgo), para ir a la provincia sudafricana. Una hija que vive sola, atendiendo un hospital para perros huérfanos (¿metáfora de la sociedad y sus desencatados seres?), por cierto, con quien no tiene una buena relación.


Es así como se entra en un nuevo plan de posibilidades, pero con el mismo desencanto y aburrimiento del inicio. Sí, existe el pretexto de completar por fin un proyecto de análisis de Byron, ¿pero en el fondo cuál es el motivo?, me parece que ni el personaje mismo lo sabe, todo remite, refuerza a lo automático.

¿Qué va a encontrar el lector en esta fase del relato?, en apariencia las mismas soledades, el mismo hastío, idénticas circunstancias, sólo que ahora vemos a este profesor universitario tratando de mostrar interés en la soledad de su hija, pero sin saber cómo manejar los sentimientos paternos.

Las diferentes circunstancias que vive en el campo hacen que este protagonista observe la enorme vaciedad de su vida, el sin sentido de las acciones aisladas. El estar en una fiesta y estar solo, el ser víctimas de la delincuencia sin que se de una acción, aceptando mansamente ese mal momento de la vida.

Parece que no pasa nada, pero este es terreno fértil para que el lector reflexione sobre la importancia del acto humano, en la búsqueda de una identidad cuando uno mismo no sabe su lugar en el universo. Coetzee, me parece, se ubica en la sintonía de José Saramago, quien afirma que el ser humano está condenado al olvido, a ser ignorado. Es en este entorno de angustia, de banalidad, que toca por antítesis al hecho glorioso al que la novela nos puede acostumbrar.

Quizás Coetzee no sea el escritor más popular, donde sus descripciones sean un tanto áridas, pero no por ello menores, siempre y cuando uno se quiera integrar a un mundo connotativo superior. Centrarse en la vida de un sujeto novelado por Coetzee es limitar a la idea que este autor nos quiere trasmitir, y que puede ser entendido por cada persona como mejor luzca, más allá del momento de a vida en que se encuentre.

En la novela de Coetzee no hay reclamos abiertos, hay que intuirlos, hay que completar el sentimiento del personaje, es por eso que me gusta la obra, pues involucra al lector. Ojalá y encuentren alguna respuesta velada en este relato.

martes, 3 de julio de 2007

El paraíso está en México


Casi el paraíso

Luis Spota, 1956

FCE







Uno de los recuerdos más claros que tengo de la infancia es que en canal 13, de cuando en verdad era un canal discreto, trasmitía un programa semanal, se llamaba "Fuera de serie", conducido por un señor serio, de lentes y daba la introducción a la miniserie "Holocausto" (ahora todo un clásico). Seguramente en un momento pregunté: ¿Quién es ese señor?, y mi papá me dijo Luis Spota.

Cierto, es seguramente un detalle insignificante, que no pasa de lo más elemental, o de lo más ignorable, sin embargo, por algo curioso ese dato permaneció en alguna neurona, no tal al fondo, lo que permitió que cuando ya pasados los años, en verdad que bastantes, tomara un libro con la curiosidad de saber cómo escribía ese señor llamado Luis Spota.

El libro en cuestión es Casi el paraíso. Lo que puedo decir de primera instancia es que es una historia devorable. Tiene ritmo, profundidad, expone con claridad muchos detalles que dan relieve al relato, pero lo más importante, todo lo que se cuenta es asombrosamente posible en la realidad mexicana.

La narrativa de Spota la defino como clara, hasta el momento me parece el autor mexicano más claro en el género narrativo, especifico, no pretendo entrar en detalles técnicos, sólo como una persona que de gusta compartir su opinión. Invita a que uno como lector sea capaz de sentir emoción, tomar partido, incluso cuestionarse ¿en verdad serán así las cosas en ciertos niveles de la socialité humana?

Por medio de una dualidad narrativa vamos descubriendo un mundo de arribistas, de oportunistas que dan a la gente "poderosa" lo que desean en lo más básico: legitimidad. Piense en esto, ¿hasta dónde sería capaz de llegar cualquier político con tal de ostentar el título de conde, marqués, barón, y si ya es de ponerse un poco ambicioso: príncipe? Es desde esta premisa que uno no puede menos que reflexionar: ¿quien tiene más problemas, el poderoso sin legitimidad o el pobre carente de recursos?

Luis Sopta nos presenta los entretelones de la bajeza de la elite mexicana que está tan carente de calidad, de entereza, de dignidad, de honor, y todo ello lo puede obtener por medio de la presencia del príncipe Ugo Conti, quien de súbito aparece en nuestro país, y sin que exista una investigación real, sin ningún tipo de cuestionamiento, sin nada que ponga en duda su honorabilidad, su calidad, su entereza, la elite se le entrega y lo arropa.

Claro, se trata de un juego de conveniencias, pero desde la perspectiva del empresario mexicano, de los funcionarios que ven el mundo desde el poder más alto, de los rancios nobles que viven su miseria en tierra nacional, la verdad, termina dando entre lástima y ternura.

Spota logra dimensionar lo que somos en la esencia del poder, sin importar la fortuna social: pretenciosos, ambiciosos, timoratos, humildes, con ganas de regalar hasta a las hijas con tal de lograr la simpatía del que vemos poderoso, noble, digno.

Es en este marco en que Ugo Conti y el lector va encontrando esas actitudes del ser humano, sin embargo, no olvidemos que se comentó que el hilo narrativo tiene una dualidad. Me parece injusto contar el detalle, pero hay que partir de una certeza: los personajes de Luis Spota son profundos, tienen historia, tienes secretos, tienen motivos.

Ugo Conti en el fondo, no se mueve por la ambición barata, después de todo, quien lea el libro podrá ver que básicamente no pidió nada, todo le fue cayendo, y sin embargo, mientras no logre el estado bendito de la seguridad, de la seguridad de su estilo de vida, de su apariencia, no podrá decir que ha llegado a la meta.

Quizás Ugo Conti, el príncipe, no sea tan distante a nosotros en nuestros deseos de una vida más segura, más tranquila, es posible que todos seamos impostores de algo y en búsqueda de algo, ¿qué pasará el día en que la mentira sea descubierta?, tan loco es el mundo que muy posiblemente sólo sea que estamos en la parte inferior de la rueda de la fortuna, y sólo haya que esperar a que la misma rueda nos lance hacia la parte más alta.

Gracias al desarrollo de la historia descubrimos la forma en que se estructuran los códigos en el poder, los mecanismos con que la nobleza funciona, las alianzas, que hacen ver a la sociedad como fieles alumnos de la doctrina Borgia. No hay lugar para escrúpulos, está en juego el escalar socialmente, el mantener la imagen, el asegurar el futuro, el ser feliz y poder con ello humillar al que no logró la meta. Sin miedos, el autor expone situaciones de abuso sexual, de homosexualidad, de traición, de generosidad comprometida, vamos, de lo que ha hecho mover a este mundo desde hace más de 25 siglos.