sábado, 26 de enero de 2008

Jodorowsky, un narrador onírico


El paso del ganso
Alejandro Jodorowsky
Mondadori, 2001

Alejandro Jodorowsky es un sujeto que, en lo personal, me parece de lo más enigmático. He tenido la oportunidad de disfrutar algunas cosas de él, por ejemplo, La danza de la realidad, una de las pocas biografías que he leído y que es todo un reto para la mente racional del occidental (viajes al centro del universo, diálogos con ancestros, u operaciones con psicomagia).
También tuve la oportunidad de leer La sabiduría de los chistes, que por simple que parezca es de lo más denso. Por medio de chiste se identifican tabús, miedos y confusiones con que vivimos los seres humanos. El título es parte de un gancho para comunicar varios Haikús que desde luego son un reto para la racionaliad.
En esta ocasión me tomo la libertad para recomendar a mis cuatro letores El paso del ganso, una serie de cuentos breves que no por ello dejan de estar cargados de simbolismos.
¿Qué nos podemos encontrar en El paso del ganso?, de todo y nada a la vez. Los cuentos por ser tan breves se significan como retos a la intelectualidad. Podemos saber de un niño que roba voces para ver más alegre a su madre, de niñas que maquillan a muertos, monjas que se incendian por días enteros, ogros que se comen a todos los malos dirigentes de una nación, militares que caminan a paso de ganso para matar a la hormigas, entre otras cosas.
¿Que es lo que se debe tener para leer a Alejandro Jodorowsky?, mente abierta, dejar de intlectualizar, dejar que las imágenes juegen: El último ser humano vivo lanzó la última paletada de tierra sobre el último muerto. En ese instante mismo supo que era inmortal, porque la muerte sólo existe en la mirada del otro.
Esto que puede ser de aparenciencia simple hay que plasmarlo, hay que tener un sentido de balance y de integración del sistema llamado vida, un sistema que es simple y complejo a la vez, pues la vida es una paradoja donde cada elemento se conjuga en un sin fin de momentos que no tiene principio ni fin, que es continuo, y donde el caos es lo que nos permite reconocer a la vida misma.
La lectura de Jodorowsky es simple, pero es compleja porque se ajusta a la realidad de la persona, de su entorno, al de la política nacional o hemisférica, es una lectura global, pero más allá, es una lectura holista. ¿Por qué logra el autor esta profundidad sobre las cuestiones humanas?, porque es posible que sea un predestinado, tan solo hay que ver con ciudado su nombre: Alejandro Jodorowsky, si efectivamente, ojo de oro.
Los escritos de este autor chileno nacido en 1929 no son tristes, son melancólicos, y a la vez hay que darle las gracias por hacer relatos morales que no son cursis ni buscan que cambiemos nuestra vida con amenazas o promesas de vida mejor, sólo se encarga de plantear el escenario y el relato mismo se vuelve un caleidoscopio que se mueve en el sentido que mejor consideremos como el real.
El paso del ganso es una oportunidad de acercarnos al mundo holista, a la interpretación cupantica del la vida, al desorden que nos salva de lo común y ordinario, se trata de un texto negentrópico, lo cual es grato, más cuando vemos en las librerías tanto "texto" de payasos consumados que cuentan sus verdades "duras y descarnadamente", o en darnos la solución a nuestro problema con métodos infalibles.

lunes, 21 de enero de 2008

Un agradable reencuentro 15 años después


Retrato de un artista adolescente
James Joyce


De 1992 recuerdo varias cosas. Éramos testigos de la desintegración de lo que conocimos como la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (eso sí que era nombre), Yugoslavia se enfilaba a una guerra civil (vamos, ya tampoco hay Yugoslavia), en mi casa pensar en una computadora aún sonaba como a ciencia ficción el tener una computadora, México se enfilaba al delirio de pensar que en 1994 sí ganaría el mundial de fútbol (era más sencillo pensar en reunificar a la URSS), entre tantas otras cosas, y por si fuera poco, estaba a la mitad de la carrera de periodismo en la Carlos Septién.

Bueno, en este carrusel de recuerdos también viene a mi mente el que mi maestra de Literatura, Dolores Castro, nos dejó leer un libro llamado Retrato de un artista adolescente, de James Joyce. La mecánica era sencilla: leíamos el libro y hacíamos un reporte de la lectura. Voy a confesar lo que seguramente la maestra supo en su momento: no entendí un carajo del libro.

Me da gusto, y lo comparto con mis cuatro lectores, que me volví a encontrar con el maestro Joyce en este inicio de 2008, y me da gusto porque pude disfrutar un libro muy interesante, que no deja de ser complejo, pero que definitivamente es muy disfrutable en muchos momentos.

James Joyce, más famoso por escribir Ulises, es una autor que bien vala la pena examinar, quizás no sea tan nítido como Dostoyevsky, quizás no es tan sencillo en exponer dilemas estoicos como Chéjov, sin duda no tiene que ver con el estilo cosmopolita de Borges, ya no digamos que caiga en el relato cotidiano como por ejemplo Ibargüengoitia, simplemente Joyce hace un recorrido por la vida y definición de la persona.

Stephen Dedalus es el sujeto que recrea Joyce para exponer los grandes dilemas de un ciudadano que está iniciando el siglo XX lleno de dudas, de incertidumbres que se debate entre el libre pensamiento y el dogma de la religión, así como del papel del arte en el ser humano.

A lo largo de reflexiones y descripciones muy detalladas, que sin duda hacen sentir que se está leyendo a Proust, Stephen se ve envuelto en una serie de polémicas familiares y sociales que debaten la conveniencia del apego al credo católico o al protestante. Este entorno, y que ha hecho tan célebres las pugnas en Irlanda, es que Stephen va moldeando su estilo y preferencia de vida.

¿Dónde está el gran valor de Retrato de un artista adolescente?, en los sentimientos que logra trasmitir. Descripciones sobre el infierno, la injusticia, el motivo del arte, el pecado, y la libertad de pensar se hacen muy cercanas.

Es en charlas o en diálogos internos que empezamos a acercarnos a descripciones tan precisas del infierno que se siente auténtica angustia sobre este lugar. La culpa y el castigo se evidencian en auténticos tormentos de un niño que se va formando en joven, que va definiendo su forma de pensar, sus convicciones, de pláticas con religiosos que no buscan convencerlo de ser católico, sino de no convertirse en protestante.

Stephen lo afirma, es un alma que busca la realidad para poder comprender lo irreal de su alma; que no se atreve a cumplir la eucaristía porque siente angustia que de verdad sea el cuerpo de Cristo y no sea sensible a ello. Stephen es el personaje ideal para exponer que el arte es éxtasis, que lleva a la inacción, a la contemplación absoluta, a exponer lo más bello de la vida, y aún así, sentir que algo sigue faltando.

Leer a James Joyce es uno de los muchos orgullos vanidosos que me ha dado la literatura, digamos que fue como esas citas en donde nos dan alguna máxima y años después comprendemos lo que nos dijeron, pero sin remordimiento; sí, tuvieron que pasar más de 15 años, pero la cita y el placer de encontrar algo bueno me deja más que satisfecho, incluso superando una espantosa traducción española del texto original. Gracias por la semilla que dejó latente mi maestra Dolores Castro

lunes, 14 de enero de 2008

¿Recreativo, informativo o importante?


El jugador
Fedor Dostoyevski
Lectorum 2005
Hace poco me topé con un ensayo que explica la forma de leer un libro, está un poco extenso, como que abudan en muchos ejemplos de contexto y se hace pesado avanzar, y dentro de lo que se explica con generosidad machaca la idea de que hay libros recreativos, otros para obtener información y unos más para modificar nuestro conocimiento del mundo.

Dada esta categoría, me parece un tanto riesgoso el empezar a determinar a los libros por la información que contienen. Por ejemplo, ¿la poesía entraría en la mera recreación? No creo que García Lorca o Baudelaire quedarían en el nivel de simpáticas anécdotas de la pluma.

Ahora bien, no sé si en un sentido estricto o relajado, ¿no al recibir información es latente que podamos modificar nuestra forma de pensar?

Esto viene en relación a que hace unos días me encontré con un texto de Fedor Dostoyevski, El jugador, y me pregunto, ¿será recreativo, de información o cambiara en algo mi forma de ver el mundo?

Esta novela breve de Dostoyevski, contada por el personaje central Alexei Ivanovich, narra una serie de eventos donde el motor es la ambición y las pasiones humanas llevadas a lo más absurdo del azar, donde la dependencia de una muerte, la discreción de los sentimientos y el juego de las apariencias le dan actualidad a lo que se lee en cada frase del autor ruso.

El jugador es un relato que se encarga de exponer lo vago y disperso que es el destino; podemos ver a un sujeto sin mucha suerte en lo sentimental (Alexei Ivanovich está enamorado de una fría e inconmovible Polina) y que tiene, de alguna manera, las piezas que necesita siempre un segundo después; vemos la desesperación de un militar en apuros económicos (la burguesía rusa) que se desespera por no cobrar una herencia (la esperada muerte de una anciana) y su frenético amor (¿o deseo?) por la señorita Blanche (una mezcla de Paulina Rubio y Salma Hayek del siglo XVII).

Este ir y venir, como el de la ruleta de un casino, con sus bandazos en rojo o en negro, se va tejiendo a lo largo del relato. Por momentos la suerte toca a Alexei, en ocasiones es movido al ridículo por Polina, en otras es el guía en el casino donde la ruleta es la tirana, y en otros momentos es esclavo de su eterno giro.

Dostoyevski aprovecha este entorno movedizo para exponer pasiones humanas, se van tejiendo retratos de cada personaje que es un metáfora del su tiempo (y del nuestro, desde luego). No existe miedo alguno en desarrollar a una anciana burguesa que juega su fortuna y así identificar a esa nobleza rusa que dilapidó, como toda nobleza, dinero que no es suyo, del flemático inglés que siempre se comporta como caballero, sobre todo para salirse con la suya en sus negocios, de una francesa ligera, muy ligera, que ve la vida como un consumo de francos para mantener un estilo de vida (la Francia que pierde la guerra de 1870), y así podemos seguir con cada una de las metáforas.

No todo queda ahí, Dostoyevski se da vuelo mostrando los clichés culturales de la época y de la condición humana, basta hacer ganar a Alexei 100 mil francos en la ruleta para que Astley, su británico camarada, le diga “vete a París”, Alexei le pregunta: "¿por qué debo ir a París?" No sé, pero siempre que un ruso tiene dinero es lo que hace, responde Astley. Es natural intuir que Alexei termina en París con la más banal y alegre gastadora de francos (Blanche).

A lo largo de cada hoja las piezas cambian de forma, de orden, como si apostáramos al rojo y saliera el negro, y al cambiar también cambiara la suerte. Dostoyevski no tiene limitación para llevar a la degradación absoluta a sus personajes, pero en ningún momento hay dramatismo esxtra, sus personajes pagan el precio de sus pasiones, de haber tirado la fortuna de tida una vida por la esperanza de que llegue un doble cero, pero no por salir al paso, sólo por haber retado al destino, a las posibilidades. Dostoyevski, me parece, exalta el ridículo de la vida social, de lo paradójico de tener la mesa puesta y no tener apetito, de tener agua y ansiar champaña, sólo para descubrir que la champaña ni te hace mejor ni te hace sentir mejor.

El jugador, quizás, es un relato sencillo en cuanto al diseño narrativo, probablemente pueda ser catalogada como recreativa, pero me parece que es algo sumamente injusto, cuando la actualidad de las pasiones humanas expuestas mantienen vigencia. Por favor, hay que leer a Dostoyevski, si es que deseamos saber algo del ser humano que podemos ser en cualquier momento.

viernes, 11 de enero de 2008

Por la exhaltación de la cultura

Dietrich Schwanitz
La cultura, todo o que hay que saber
Punto de lectura, 2006

Hablar de cultura, al menos de unos años para acá es un tema espinoso, no por evitarlo, sino por no saber con certeza qué puede ser lo relevante, lo que hay que destacar, lo que incluso pueda interesar a públicos cada vez menos interesados en lo que tenga cinco años de pasado.

Una opción que puede ser de utilidad para muchos de los que andamos interesados en trasmitir ideas es La cultura, todo lo que hay que saber, del ensayista Dietrich Schwanitz, autor que de manera sencilla, desinhibida y amena narra lo que hay que saber de la cultura… en Occidente.

Schwanitz (Werne 1940-Hartheim 2004) divide su texto en dos secciones, la histórica-cultural y la que dota al lector de los códigos culturales que hay que aplicar si queremos pasar por cuidadanos del mundo.
El ensayo inicia con una descripción muy entretenida de la mitología griega y llega hasta los principales hechos del año 2000 (salta a la vista que su obra original no alcanzó a contemplar los ataques del 11 de septiembre en Nueva York).

¿Cuál es el valor de este relato histórico?, el establecer una relación de inicio y fin en los Balcanes, región donde las bases del pensamiento y de las conquistas militares han tenido su inicio y fin para Occidente. Donde se va tejiendo la forma en que el feudalismo se afianzó, el que surgieran imperios, invasiones que a la fecha siguen siendo temas abiertos, modos y comportamientos sociales que encientran explicación.

La primera parte de este libro también contempla una descripción quizá breve, pero muy oportuna para cualquier persona que necesita un ABC de la cultura, un ¿por dónde empiezo?, ¿qué es lo que debo considerar?, ¿qué es lo que no debo pasar por alto?, como dice su obra todo lo que hay que saber: Literatura, arte, música, filosofía, ideología dominantes, incluso visiones sobre la historia y debate del sexo.

Schwanitz quiere exponer los atributos de la aventura europea, y sin ánimos de demeritar su obra-testamento, no dejo de desatacar que hubiera sido muy oportuno el que también se considerara el aporte de Oriente. Desde luego no se pretende decir que no sabía nada de ello, sólo que sí destaca el hecho de que pareciera que Europa ha sido el gran motor de la humanidad, ¿será esto cierto?, ¿o es que Europa ha sabido aprovechar y arrebatar protagonismo a Asia y a la siempre sufrida y arrasada África?, eso sin contar el gran caos que cultivó en América.

La segunda sección del ensayo destaca temas como la comprensión del lenguaje, los libros y la escritura, la geopolítica del hombre y de la mujer, algunas ideas sobre la inteligencia, el talento y la creatividad, así como dos apartados que pueden parecer muy obvios, pero que para un joven lector pueden orientarlo fácilmente: lo que hay que saber y lo que no conviene saber de la lectura.

Quizá esta parte sea, para una persona ya adentrada en los códigos culturales, un tanto pesada, digamos que es como un área común donde muchas cosas se infieren, donde mucho de lo descrito ya se aplica, pero un lector joven puede encontrar muchas ideas que puede encontrar atractivas: pueden motivarlo a buscar las fuentes directas, a sentir deseos de leer un clásico que ha sido descrito, de echarse un clavado en la mitología griega y ver la cantidad de erotismo, perversión y lujuria en que se funda nuestra cultura, no olvidar, occidental.
La obra de Schwanitz incluye cronologías, un listado de libros clásicos que no hay que dejar de leer, fragmentos de obras de teatro, un sumario de los temas, en fin, bastante información para actualizarse, para descubrir que practicamente todo lo que tenemos en la actualidad no es más que una copia (y en ocasiones bastante grosera).

Schwanitz, maestro de literatura en la Universidad de Hamburgo y autor de títulos como 'Der Zirkel' (1999), una novela negra en clave de humor crítica del sistema educativo y 'Der Campus', una novela con la universidad como telón de fondo, hace un recorrido ameno por el espectro cultural de Occidente, da pistas al lector de qué es lo que vale la pena, indica algunos tips si queremos pasar por enterados en alguna cena familiar (esos datos que pueden exhibir a cualquier cuñado fantoche), o simplemente confirmar que no andamos por un rumbo tan equivocado en cuanto a criterios estéticos.
No deja de ser paradójico el que una persona que tanto se interesó en la cultura y en el fenómeno social fuera encontrado muerto en su domicilio después de varios días, pero qué se le va hacer, ya lo dijo Chaplin: El tiempo es el mejor autor, pues siempre elige el fin adecuado. Espero que leer las obras de Schwanitz sea una grato reencuentro con las cosas nobles que también puede hacer el ser humano.