
Retrato de un artista adolescente
James Joyce
James Joyce
De 1992 recuerdo varias cosas. Éramos testigos de la desintegración de lo que conocimos como la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (eso sí que era nombre), Yugoslavia se enfilaba a una guerra civil (vamos, ya tampoco hay Yugoslavia), en mi casa pensar en una computadora aún sonaba como a ciencia ficción el tener una computadora, México se enfilaba al delirio de pensar que en 1994 sí ganaría el mundial de fútbol (era más sencillo pensar en reunificar a la URSS), entre tantas otras cosas, y por si fuera poco, estaba a la mitad de la carrera de periodismo en la Carlos Septién.
Bueno, en este carrusel de recuerdos también viene a mi mente el que mi maestra de Literatura, Dolores Castro, nos dejó leer un libro llamado Retrato de un artista adolescente, de James Joyce. La mecánica era sencilla: leíamos el libro y hacíamos un reporte de la lectura. Voy a confesar lo que seguramente la maestra supo en su momento: no entendí un carajo del libro.
Me da gusto, y lo comparto con mis cuatro lectores, que me volví a encontrar con el maestro Joyce en este inicio de 2008, y me da gusto porque pude disfrutar un libro muy interesante, que no deja de ser complejo, pero que definitivamente es muy disfrutable en muchos momentos.
James Joyce, más famoso por escribir Ulises, es una autor que bien vala la pena examinar, quizás no sea tan nítido como Dostoyevsky, quizás no es tan sencillo en exponer dilemas estoicos como Chéjov, sin duda no tiene que ver con el estilo cosmopolita de Borges, ya no digamos que caiga en el relato cotidiano como por ejemplo Ibargüengoitia, simplemente Joyce hace un recorrido por la vida y definición de la persona.
Stephen Dedalus es el sujeto que recrea Joyce para exponer los grandes dilemas de un ciudadano que está iniciando el siglo XX lleno de dudas, de incertidumbres que se debate entre el libre pensamiento y el dogma de la religión, así como del papel del arte en el ser humano.
A lo largo de reflexiones y descripciones muy detalladas, que sin duda hacen sentir que se está leyendo a Proust, Stephen se ve envuelto en una serie de polémicas familiares y sociales que debaten la conveniencia del apego al credo católico o al protestante. Este entorno, y que ha hecho tan célebres las pugnas en Irlanda, es que Stephen va moldeando su estilo y preferencia de vida.
¿Dónde está el gran valor de Retrato de un artista adolescente?, en los sentimientos que logra trasmitir. Descripciones sobre el infierno, la injusticia, el motivo del arte, el pecado, y la libertad de pensar se hacen muy cercanas.
Es en charlas o en diálogos internos que empezamos a acercarnos a descripciones tan precisas del infierno que se siente auténtica angustia sobre este lugar. La culpa y el castigo se evidencian en auténticos tormentos de un niño que se va formando en joven, que va definiendo su forma de pensar, sus convicciones, de pláticas con religiosos que no buscan convencerlo de ser católico, sino de no convertirse en protestante.
Stephen lo afirma, es un alma que busca la realidad para poder comprender lo irreal de su alma; que no se atreve a cumplir la eucaristía porque siente angustia que de verdad sea el cuerpo de Cristo y no sea sensible a ello. Stephen es el personaje ideal para exponer que el arte es éxtasis, que lleva a la inacción, a la contemplación absoluta, a exponer lo más bello de la vida, y aún así, sentir que algo sigue faltando.
Leer a James Joyce es uno de los muchos orgullos vanidosos que me ha dado la literatura, digamos que fue como esas citas en donde nos dan alguna máxima y años después comprendemos lo que nos dijeron, pero sin remordimiento; sí, tuvieron que pasar más de 15 años, pero la cita y el placer de encontrar algo bueno me deja más que satisfecho, incluso superando una espantosa traducción española del texto original. Gracias por la semilla que dejó latente mi maestra Dolores Castro
Bueno, en este carrusel de recuerdos también viene a mi mente el que mi maestra de Literatura, Dolores Castro, nos dejó leer un libro llamado Retrato de un artista adolescente, de James Joyce. La mecánica era sencilla: leíamos el libro y hacíamos un reporte de la lectura. Voy a confesar lo que seguramente la maestra supo en su momento: no entendí un carajo del libro.
Me da gusto, y lo comparto con mis cuatro lectores, que me volví a encontrar con el maestro Joyce en este inicio de 2008, y me da gusto porque pude disfrutar un libro muy interesante, que no deja de ser complejo, pero que definitivamente es muy disfrutable en muchos momentos.
James Joyce, más famoso por escribir Ulises, es una autor que bien vala la pena examinar, quizás no sea tan nítido como Dostoyevsky, quizás no es tan sencillo en exponer dilemas estoicos como Chéjov, sin duda no tiene que ver con el estilo cosmopolita de Borges, ya no digamos que caiga en el relato cotidiano como por ejemplo Ibargüengoitia, simplemente Joyce hace un recorrido por la vida y definición de la persona.
Stephen Dedalus es el sujeto que recrea Joyce para exponer los grandes dilemas de un ciudadano que está iniciando el siglo XX lleno de dudas, de incertidumbres que se debate entre el libre pensamiento y el dogma de la religión, así como del papel del arte en el ser humano.
A lo largo de reflexiones y descripciones muy detalladas, que sin duda hacen sentir que se está leyendo a Proust, Stephen se ve envuelto en una serie de polémicas familiares y sociales que debaten la conveniencia del apego al credo católico o al protestante. Este entorno, y que ha hecho tan célebres las pugnas en Irlanda, es que Stephen va moldeando su estilo y preferencia de vida.
¿Dónde está el gran valor de Retrato de un artista adolescente?, en los sentimientos que logra trasmitir. Descripciones sobre el infierno, la injusticia, el motivo del arte, el pecado, y la libertad de pensar se hacen muy cercanas.
Es en charlas o en diálogos internos que empezamos a acercarnos a descripciones tan precisas del infierno que se siente auténtica angustia sobre este lugar. La culpa y el castigo se evidencian en auténticos tormentos de un niño que se va formando en joven, que va definiendo su forma de pensar, sus convicciones, de pláticas con religiosos que no buscan convencerlo de ser católico, sino de no convertirse en protestante.
Stephen lo afirma, es un alma que busca la realidad para poder comprender lo irreal de su alma; que no se atreve a cumplir la eucaristía porque siente angustia que de verdad sea el cuerpo de Cristo y no sea sensible a ello. Stephen es el personaje ideal para exponer que el arte es éxtasis, que lleva a la inacción, a la contemplación absoluta, a exponer lo más bello de la vida, y aún así, sentir que algo sigue faltando.
Leer a James Joyce es uno de los muchos orgullos vanidosos que me ha dado la literatura, digamos que fue como esas citas en donde nos dan alguna máxima y años después comprendemos lo que nos dijeron, pero sin remordimiento; sí, tuvieron que pasar más de 15 años, pero la cita y el placer de encontrar algo bueno me deja más que satisfecho, incluso superando una espantosa traducción española del texto original. Gracias por la semilla que dejó latente mi maestra Dolores Castro
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