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sábado, 14 de julio de 2007

Hesse y el giro de la rueda

Bajo la rueda
Hermann Hesse
Leyenda, 2003


Hermann Hesse es un autor conocido por el su novela El lobo estepario, sin embargo, en esta ocasión deseo profundizar en una de sus obras que no tiene tanta fama, pero que por el sello y estilo del autor tiene mucho que decir sobre el fenómeno humano y su trasformación.

Bajo la rueda (escrita en 1905) es una historia sencilla, incluso desesperante en algunas de sus descripciones que pueden parecer abundantes de acuerdo a criterios modernos de redacción, pero que son el marco que necesita crear el escritor para que su discurso sea coherente.

Hesse, nacido en la ciudad alemana de Calw (la selva negra) en 1877, se distingue como un autor naturalista, sin embargo me parece que tiene algo muy significativo, interioriza al ser humano de una manera tan particular que uno no puede mantenerse ajeno a los textos de su paisano Friedrich Nietzche, lo que en otro momento lo discutiremos.

En Bajo la rueda se expone una sencilla metáfora en donde sabemos que podemos estar en la parte alta o en la parte baja de la rueda (creo que todos hemos sido víctimas de esa expresión por alguna solícita abuelita), sin embargo, desde la pluma de Hesse podemos preguntarnos qué es estar abajo o qué es estar arriba de la rueda.

Es en esta metáfora en que vemos la vida de Hans Gieberath, un joven de alcances académicos brillantes, que es la esperanza toda su comunidad para que llegue a un colegio teológico de Stuttgart. El vicario, el alcalde, el mismo padre de Hans (José) tienen todas las esperanzas de que se convierta en un hombre culto, dueño de la verdad, de excelsas virtudes intelectuales, y es por ello que habrá que ayudarlo, habrá que fortalecerlo: clases de latín, lecciones de griego, estudio de matemática, horas adicionales de estdio filofófico, teológico, lo que sea para el joven Hans, quien no puede estar, de ninguna manera, expuesto al un eventual fracaso. No puede estar bajo la rueda.

La pluma de Hesse nos va dando diversas pinceladas en donde el ambiente veraniego, otoñal e invernal refleja el carácter y ánimo de Hans. Sí, es natural, entra al colegio de teología con el perfil de la responsabilidad que se le ha entregado, obligado a cargar. Pero el autor nos tiene la inclusión de Herman Heilner, un compañero de colegio que tendrá un contrapeso indiscutible en la vida de Hans. De entrada no nada casual las siglas del nombre de este personaje, y que se trata de un estudiante rebelde, inconforme, un espíritu libre, como diría Nietzche, que va a ser definitivo en a vida de Hans.

En tanto trascurre la historia, Hans va sufriendo cambios de perspectiva, de comportamiento, las dudas y los dolores de cabeza son cada vez más intensos, más profundos. El entorno donde está Hans lo percibe, la preocupación de las autoridades es pronta, no pueden permitir que un talento como el de Hans se desperdicie, se pierda, por la nefasta influencia de Heilner.

Una breve vista a la biografía de Hesse ayuda mucho para entender el tono biográfico de Bajo la rueda, es fácil comprender el significado de Heilner como el joven Hesse que manifestó desde su juventud la rebeldía, la búsqueda de algo diferente, de no ser parte del manso rebaño, sino de seguir una nueva guía, más allá de ser el único en ese camino.

¿Pero quién es entonces Hans?, ¿A quién encarna ese joven delgaducho, enfermizo y con serias dudas de su existencia?, la respuesta está la biografía de Hesse, lo que hará más interesante la lectura de la novela.

Sí, la vida de Hans va a cambiar, de estar en la parte alta de la rueda (¿el quería genuinamente estar en la parte alta?) pasa a estar en la incertidumbre de la parte baja (¿de acuerdo a Hans o de la sociedad?), el discurso de Hesse ahora se torna en la vida cotidiana, en la vulgaridad en que vive casi todo mundo. Ahí es que Hans entra en la espiral de los pensamientos internos y las posibles salidas que encuentra.

En los diferentes pasajes que vive Hans poco a poco se va haciendo un repaso de lo que fue su vida antes y después de sus estudios de teología (o de haber conocido a Heilner), y que son las dudas que supondríamos son naturales a todo aquel que desee observarse en una nueva perspectiva, el punto es: ¿nos gustará lo que encontremos en esa nueva perspectiva?

Cuando el lector descubra el final que Hesse encuentra para el joven Hans descubrirá que la descripción es clara y reflexiva: “Allá van esos caballeros que lo empujaron a esto…No se preocupe, amigo. Sólo he querido referirme a los profesores que tuvo”.

A lo largo de las cuartillas de Hesse podemos conocerlo, pero más importante, podemos conocer al ser humano, que es, sí, ese lobo depredador, del que más adelante nos ocuparemos
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jueves, 5 de julio de 2007

La profundidad de la desgracia


Desgracia

J.M. Coetzee

Mondadori, 2000


John Maxwell Coetzee, en 2003 es reconocido con el premio Nóbel, no es poca cosa, desde luego, sin que eso quiera decir que de automático que es un escritor maravilloso. Poniendo en perspectiva, el Nóbel es el premio a una trayectoria, no por fuerza al mejor libro del homenajeado.

En esta ocasión voy a comentar lo que es su novela Desgracia, de 1999, y que en 2000 fue publicada en México por la editorial Mondadori.

La historia se puede partir en dos fases, al inicio vemos que un maestro universitario cumple con cierto hastío su compromiso con la literatura. En el universo de Coetzee no es para nada grato ni generoso, más bien profundiza en seres fríos, hartos de la vida, de la vulgaridad, sin conciencia optimista, ni de esperanza. Incluso, en cierto grado con un deseo sádico de salir huyendo con la mayor cantidad de daño posible de las circunstancias de la vida.

Es en este entorno universitario que se plantea una relación en donde el maestro universitario se interesa, no, se relaciona con una inestable estudiante que tiene problemas emocionales, de tipo familiar y de noviazgo. Pero Coetzee se resiste a poner un escenario en donde el viejo ve iluminada su vida por la joven, más bien pone un escenario de hacerlo porque no hay nada mejor que hacer, porque parecería que es parte del papel obligatorio que tendría que hacer.

Esto deriva en un escándalo, y es ahí en donde el sentido sádico del autor emerge, pues lejos de defenderse este oscuro sujeto, acepta todo, no opone resistencia, en el fondo no quiere ser despedido, pero tampoco quiere seguir siendo maestro universitario, ¿la vida es un dilema?, ¿el ser humano entregado al cumplimiento de un destino que le da lo mismo?, desde una visión simplista siento la influencia de Camus, de un existencialismo desencantado, sin aspiraciones, sin ánimos de ser cambiado.

La conclusión de esta parte de la historia es parte del pretexto que necesita el escritor sudafricano para entrar a los sentimientos más internos, de él y de sus vínculos familiares. Ya está desempleado, no tiene nada que hacer, y todo le da lo mismo, parecería que su iniciativa de ir a la casa de su hija es propia, sin embargo, más parece como la lógica de que al domingo sigue el lunes.

Es así como se da paso a la segunda fase del relato: mudarse con su hija, lo que significa salir de la ciudad (Johannesburgo), para ir a la provincia sudafricana. Una hija que vive sola, atendiendo un hospital para perros huérfanos (¿metáfora de la sociedad y sus desencatados seres?), por cierto, con quien no tiene una buena relación.


Es así como se entra en un nuevo plan de posibilidades, pero con el mismo desencanto y aburrimiento del inicio. Sí, existe el pretexto de completar por fin un proyecto de análisis de Byron, ¿pero en el fondo cuál es el motivo?, me parece que ni el personaje mismo lo sabe, todo remite, refuerza a lo automático.

¿Qué va a encontrar el lector en esta fase del relato?, en apariencia las mismas soledades, el mismo hastío, idénticas circunstancias, sólo que ahora vemos a este profesor universitario tratando de mostrar interés en la soledad de su hija, pero sin saber cómo manejar los sentimientos paternos.

Las diferentes circunstancias que vive en el campo hacen que este protagonista observe la enorme vaciedad de su vida, el sin sentido de las acciones aisladas. El estar en una fiesta y estar solo, el ser víctimas de la delincuencia sin que se de una acción, aceptando mansamente ese mal momento de la vida.

Parece que no pasa nada, pero este es terreno fértil para que el lector reflexione sobre la importancia del acto humano, en la búsqueda de una identidad cuando uno mismo no sabe su lugar en el universo. Coetzee, me parece, se ubica en la sintonía de José Saramago, quien afirma que el ser humano está condenado al olvido, a ser ignorado. Es en este entorno de angustia, de banalidad, que toca por antítesis al hecho glorioso al que la novela nos puede acostumbrar.

Quizás Coetzee no sea el escritor más popular, donde sus descripciones sean un tanto áridas, pero no por ello menores, siempre y cuando uno se quiera integrar a un mundo connotativo superior. Centrarse en la vida de un sujeto novelado por Coetzee es limitar a la idea que este autor nos quiere trasmitir, y que puede ser entendido por cada persona como mejor luzca, más allá del momento de a vida en que se encuentre.

En la novela de Coetzee no hay reclamos abiertos, hay que intuirlos, hay que completar el sentimiento del personaje, es por eso que me gusta la obra, pues involucra al lector. Ojalá y encuentren alguna respuesta velada en este relato.