La señora del perro y otros cuentos Antón Chéjov
Espasa
Cuando la literatura se torna fresca y actual, me parece que es por una sencilla razón: vive en los sentimientos más profundos del ser humano. Claro, lo sencillo es la gran paradoja. Si se me permite el ejemplo, es algo que en Latinoamérica se da en el caso de fenómenos televisivos como Chespirito y su personaje del “Chavo del ocho”. La serie tiene más de treinta años de existencia, sin embargo las cargas emotivas se mantienen actuales cuando el Chavo desea enfermarse de varicela para poder comer tres veces al día. Me parece la ligereza de la serie no deja pasar la oportunidad para echarnos en cara lo que en más de diez mil años de “evolución” no hemos podido solucionar: un nivel aceptable de vida en lo general.
Regresando al hecho literario, he de comentar que ha sido gratificante toparme con una breve antología de Antón Chéjov, escritor ruso nacido en 1860 en la ciudad de Taganrog (próximo al mar de Azov), pero que por la calidad de su prosa, en este caso de cuentos, mantiene una vigencia derivada de su interés en la trasformación que sufren sus personajes, en sus acciones y en sus pensamientos, en la ya mencionada profundidad de los sentimientos.
La antología que encontré contiene cuatro cuentos: La señora del perro, Onich, El monje negro y Una historia anónima. Ya en alguna ocasión había leído un cuento, me parece que en la preparatoria, y me atrevo a decir que fui una víctima del sistema lineal y desintegrado de la educación, pues después de haber leído el cuento, el que haya sido, ni lo discutimos, ni lo vimos como parte de un sistema del autor, mucho menos como un discurso que merece toda la atención.
Ya en lo particular deseo comentar Una historia anónima. Este relato, por la versión de bolsillo se extiende por más o menos la centena de hojas, y que son bien empleadas para desarrollar una dualidad entre los sentimientos y las circunstancias del entorno, algo que es constante a los largo de los cuentos de Chéjov.
Una historia anónima, me parece, es titulada así por centrarse en una narrativa en primera persona, donde Stepan finge ser un criado que está a las órdenes del hijo de un prominente militar enemigo de la causa de Stepan. Con este simple escenario particular ya se nota la mano del autor para poner una narrativa en donde la apariencia y el engaño es clave para entender a los personajes (además del momento que estaba por vivir Rusia y su inminente revolución).
En este orden narrativo, Stepan es el testigo de las andanzas de Jorge Ivanich Orlov. Un hombre de 35 años que lejos de ser el factor clave para poder adentrarnos en las intrigas militares y políticas, se erige como un sujeto ligero, egoísta, eminentemente clasista, con profundos sentimientos y actitudes misóginas, donde la vulgaridad de su pensamiento exalta la banalidad y el placer inmediato, Orlov es el claro ejemplo de una nobleza decadente, mismo que facilita explicar lo que ocurriría con la caída del régimen zarista.
El punto para contrastar esta ligereza y egocentrismo es Zinaida Fyodorovna (es maravilloso el gusto de los autores rusos por usar nombres completos, incluso en la mujer amada). Zinaida es una mujer que lo deja todo por poder vivir su momento de alegría con Orlov. Zinaida es el factor desestabilizador para la vida libre y sin explicaciones que tiene y goza tanto Orlov.Ella pretende involucrarse, demostrar su compromiso intelectual, su deseo de integrarse a la vida de Orlov, aunque sea minizada a lo largo del relato.
En tanto se va desarrollando la historia, Stepan va dando cuenta de las andanzas y clasismos de Orlov, que continuamente busca la forma de espantar de su vida a su amante, de su interés por hacer ver a la mujer como un ser inferior, sin refinación y vulgar. Tal es la desgracia, la indigencia de Zinaida al lado de su hastiado amante que el autor nos va presentando de manera tácita el amor, deseo o lástima (el lector llegará a su propia conclusión) de Stepan por Zinaida.
El relato es complementado por la visita que recibe Orlov de sus “amigos” Pekarsky, un abogado influyente, pero que no reconoce ningún sentimiento humano. Kukushkin, un consejero civil que es capaz de soportar cualquier humillación por estar dentro de un círculo noble; y Gruzin, un artista indolente que toma lo que hay y si no hay, como se dice, ni sufre ni se acongoja. La prosa del autor hace, de este modo, una radiografía de todos los vicios, de las debilidades que van corrompiendo a un sistema social.
En todo este universo Stepan va sufriendo una trasformación, vamos, el origen de poder espiar se pierde, pero no es una debilidad del autor, es su sello, reconociendo que la vida no es lineal. Chéjov, da evidencia de que sus personajes no viven en la ley de causa efecto, sino que las emociones, más complicadas que simples, dominan al hombre. Es en este laberinto en que Stepan tiene que decidir si mantiene su mentira o surge la verdad. ¿Pero cuál verdad si todos los personajes son un cúmulo de vanidades, apariencias, de posturas en donde cada quien saca lo que siente más benéfico a su causa?
Aunado a lo ya comentado, no podemos soslayar el papel que el sacrifico tiene en la escritura de Chéjov. El laberinto, después de todo, tiene su rumbo, y bien definido, donde el sacrificio no es absurdo, tampoco ligero, es profundo, profundo como los personajes que son vivos y tienen que decidir lo que harán.
Chéjov juega con sus personajes: Orlov, que mientras más dignidad quiere proyectar más despreciable resulta; Stepan, quien primero buscaba espiar termina como cómplice de las mentiras de Orlov, Zinaida, que descubre que al salir de una infierno se puede brincar a otro de inmediato. Vamos incluso se presenta lo simpático cuando Stepan tiene ante sí al padre de Orlov y siente por él un cierto grado de simpatía (posiblemente el beneficio de la honrosa ancianidad).
Chéjov juega con sus personajes: Orlov, que mientras más dignidad quiere proyectar más despreciable resulta; Stepan, quien primero buscaba espiar termina como cómplice de las mentiras de Orlov, Zinaida, que descubre que al salir de una infierno se puede brincar a otro de inmediato. Vamos incluso se presenta lo simpático cuando Stepan tiene ante sí al padre de Orlov y siente por él un cierto grado de simpatía (posiblemente el beneficio de la honrosa ancianidad).
Sí, Stepan actuará, hará lo que tenga que hacer para poder ganar un tanto de espacio y libertad, de autenticidad, ¿pero hasta qué punto tiene garantizado el éxito? Stepan volverá con Orlov, no como criado, y tendrá que tomar una decisión que nos dejará la angustiante duda: ¿finalmente existe el concepto libertad o sólo son caminos para terminar haciendo lo que de nosotros se espera?, incluso, ¿tengo opciones a lo que voy enfrentando como vida?
Lo divertido al momento de tomar a Chéjov es que no importa que tomemos cualquier cuento, no importa el problema que aborde, mucho menos la perspectiva que defina, al final sus relatos son similares, pero tan profundos que terminan, cada uno, con vida autónoma. Leer a Chéjov resulta una experiencia profunda y enriquecedora, más ahora que parece que la profundidad se aborda con la “observación” ligera de un adulto disfrazado de adolescente.
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