
Por el año de 1972 es que Mario Vargas Llosa se involucra en una investigación de una de las páginas negras de Latinoamérica (como si fueran escasas), y tanto encuentra en esta búsqueda que fue hasta 1980 que se tuvo la versión definitiva de La guerra del fin del mundo, en donde novela lo ocurrido en lo que fue Canudos y una guerra ahí librada.
Canudos se encuentra en la provincia de Bahía, una de tantas regiones que contienen los 8 millones de kilómetros cuadrados del Brasil, y es a finales del siglo XIX que se empiezan a reunir varios factores que desencadenaría un pasaje que se mueve entre los intereses políticos, el fanatismo religioso, el absurdo y uno de tantos intentos por hacer un pretendida sociedad más justa.
Canudos es un lugar miserable, como tantos que sobran en muchos lugares del planeta, donde la llamada expectativa de vida es mero sueño reducido a esperar el momento de morir para por fin descansar, un entorno de abandono, olvidado del mundo, donde la ley de la metrópoli nada tiene que ver con la de salteadores de caminos, hombres de campo, y pillos que son rechazados por las clases acomodadas que tanto “piensan” en darles un mejor futuro.
Es en este entorno, en 1893, que el beato Antonio Vicente Mendes Maciel, mejor conocido como Antonio Conselheiro, recorrió como moderno Mesías estas agrestes tierras para anunciar un nuevo destino para sus míseras vidas, alejados de los vicios del diablo (el can), aceptando para ello a todos los desposeídos, marginados y delincuentes de la zona, vamos el mismo modelo original: un redentor que se allega no a los poderosos, sino a los pobres, a los pecadores, a los que nadie acepta
La novela de Vargas Llosa paulatinamente va tejiendo una serie de historias que resultan conmovedoras a la par de los hechos históricos. Va creando un mosaico de relatos personales que delatan la violencia, la lucha por la sobrevivencia, la exaltación del dolor como mejor justificación de la existencia en pos de algo mejor, después de todo, iban a seguir viviendo en la miseria, al menos ahora el beato les ha dado un motivo, una causa que es noble y pura a sus ojos.
Desde luego, en la urbe, en la capital se toma a este movimiento como agitadores, como trasgresores de la ley, como una amenaza al orden que pretende instaurar la nueva República. Los menesterosos de Canudos son, desde luego, tachados como manipulados por ingleses que quieren desestabilizar a las siempre prudentes y sabias autoridades brasileñas. Ahora, esto no quiere decir que sea ideas de unidad, al más puro estilo de liberales y conservadores se trata de explicar el movimiento, unos tratan de encontrar una oportunidad de escalar, en tanto que los otros ven una amenaza a las buenas costumbres, lo cual no se debe permitir
A lo largo del relato vemos como el dolor y el sufrimiento va tomando un perfil de martirio, pero noble, digno, en que la sociedad de Canudos ha entrado en una fase de comunismo utópico, donde la causa común es enfrentar al enemigo, defender el estilo de vida cristiano, alejados de las leyes de la República, buscando librarse de las obligaciones con los terratenientes locales, y lo peor, dejando de pagar impuestos, ¡es posible solapar mayor ofensa!
La novela va creando espacios donde entran visiones del mundo, el de un terrateniente que ve en la locura de su esposa el mayor precio de la guerra (la mujer enloquece por las pérdidas económicas); el de un periodista que es tan ciego que lo más álgido de la guerra lo sufre entre sombras y gritos por haber destrozado sus lentes; el de un asaltante que de ser el más fiero bandolero termina siendo el más desalmado defensor de la causa del consejero; de un emigrante que quiere la muerte más gloriosa defendiendo la fe y la encuentra en el más tonto de los pleitos entre machos que pelean por una hembra; y así se puede seguir con las estampas que van dando forma a este episodio tan absurdo como sorprendente
La historia registra 4 intentos republicanos por aplastar a este movimiento rebelde, ¿era tal la fuerza y fe de este grupo que no tenía más que un machete y piedras para defenderse?, ¿es una muestra de la debilidad de esos cuerpos castrenses que se empeñan en mostrar fortaleza en sus exhibiciones?, ¿es tan relativamente cercano romper con el dominio de ciertos grupos que más que élites se comportan como castas?, ¿Canudos es un ejemplo de lo que es posible cuando la desesperanza y la miseria se lo han llevado todo?
Sí, es también justo decir que por momentos las descripciones o la abundancia de personajes puede llegar a ser extenuante, en la versión de bolsillo que leí son poco más de 800 páginas de lectura, por eso es que dejo a consideración del lector el que se profundice en este relato, pero no se puede negar que el dramatismo e intensidad que se logra en muchos momentos de la historia hace de la lectura algo muy enriquecedor.
Canudos se encuentra en la provincia de Bahía, una de tantas regiones que contienen los 8 millones de kilómetros cuadrados del Brasil, y es a finales del siglo XIX que se empiezan a reunir varios factores que desencadenaría un pasaje que se mueve entre los intereses políticos, el fanatismo religioso, el absurdo y uno de tantos intentos por hacer un pretendida sociedad más justa.
Canudos es un lugar miserable, como tantos que sobran en muchos lugares del planeta, donde la llamada expectativa de vida es mero sueño reducido a esperar el momento de morir para por fin descansar, un entorno de abandono, olvidado del mundo, donde la ley de la metrópoli nada tiene que ver con la de salteadores de caminos, hombres de campo, y pillos que son rechazados por las clases acomodadas que tanto “piensan” en darles un mejor futuro.
Es en este entorno, en 1893, que el beato Antonio Vicente Mendes Maciel, mejor conocido como Antonio Conselheiro, recorrió como moderno Mesías estas agrestes tierras para anunciar un nuevo destino para sus míseras vidas, alejados de los vicios del diablo (el can), aceptando para ello a todos los desposeídos, marginados y delincuentes de la zona, vamos el mismo modelo original: un redentor que se allega no a los poderosos, sino a los pobres, a los pecadores, a los que nadie acepta
La novela de Vargas Llosa paulatinamente va tejiendo una serie de historias que resultan conmovedoras a la par de los hechos históricos. Va creando un mosaico de relatos personales que delatan la violencia, la lucha por la sobrevivencia, la exaltación del dolor como mejor justificación de la existencia en pos de algo mejor, después de todo, iban a seguir viviendo en la miseria, al menos ahora el beato les ha dado un motivo, una causa que es noble y pura a sus ojos.
Desde luego, en la urbe, en la capital se toma a este movimiento como agitadores, como trasgresores de la ley, como una amenaza al orden que pretende instaurar la nueva República. Los menesterosos de Canudos son, desde luego, tachados como manipulados por ingleses que quieren desestabilizar a las siempre prudentes y sabias autoridades brasileñas. Ahora, esto no quiere decir que sea ideas de unidad, al más puro estilo de liberales y conservadores se trata de explicar el movimiento, unos tratan de encontrar una oportunidad de escalar, en tanto que los otros ven una amenaza a las buenas costumbres, lo cual no se debe permitir
A lo largo del relato vemos como el dolor y el sufrimiento va tomando un perfil de martirio, pero noble, digno, en que la sociedad de Canudos ha entrado en una fase de comunismo utópico, donde la causa común es enfrentar al enemigo, defender el estilo de vida cristiano, alejados de las leyes de la República, buscando librarse de las obligaciones con los terratenientes locales, y lo peor, dejando de pagar impuestos, ¡es posible solapar mayor ofensa!
La novela va creando espacios donde entran visiones del mundo, el de un terrateniente que ve en la locura de su esposa el mayor precio de la guerra (la mujer enloquece por las pérdidas económicas); el de un periodista que es tan ciego que lo más álgido de la guerra lo sufre entre sombras y gritos por haber destrozado sus lentes; el de un asaltante que de ser el más fiero bandolero termina siendo el más desalmado defensor de la causa del consejero; de un emigrante que quiere la muerte más gloriosa defendiendo la fe y la encuentra en el más tonto de los pleitos entre machos que pelean por una hembra; y así se puede seguir con las estampas que van dando forma a este episodio tan absurdo como sorprendente
La historia registra 4 intentos republicanos por aplastar a este movimiento rebelde, ¿era tal la fuerza y fe de este grupo que no tenía más que un machete y piedras para defenderse?, ¿es una muestra de la debilidad de esos cuerpos castrenses que se empeñan en mostrar fortaleza en sus exhibiciones?, ¿es tan relativamente cercano romper con el dominio de ciertos grupos que más que élites se comportan como castas?, ¿Canudos es un ejemplo de lo que es posible cuando la desesperanza y la miseria se lo han llevado todo?
Sí, es también justo decir que por momentos las descripciones o la abundancia de personajes puede llegar a ser extenuante, en la versión de bolsillo que leí son poco más de 800 páginas de lectura, por eso es que dejo a consideración del lector el que se profundice en este relato, pero no se puede negar que el dramatismo e intensidad que se logra en muchos momentos de la historia hace de la lectura algo muy enriquecedor.
1 comentario:
Sin duda esta es mi novela favorita -de cuantas he leído del maestro Vargas Llosa- me parece que en ella recoge de manera magistral un universo plagado de opresión, ignorancia, desigualdades y mucho fanatismo religioso.
Me parece que el tema de la novela trasciende el mismo entramado de los hechos históricos de Canudos. En la guerra del fin del mundo, Vargas Llosa habla de esa necesidad humana de creer en algo, no importa en qué, siempre y cuando eso en lo que creemos nos motive a hacer cambios en nuestras vidas sin sentido. Un tema polémico sin duda, porque como se ve en la novela, el fanatismo religioso y la intolerancia pueden ser detonantes de una guerra, que no ha cesado nunca en la historia de la humanidad. Para un ejemplo, ahí está la Franja de Gaza.
En fin, te felicito por leer una de las novelas mejor escritas del siglo XX. Una de las novelas que confirman porqué Vargas Llosa es considerado por muchos el único escritor del Boom latinoamericano.
A mí la novela me encantó entre otras cosas, además de su extensión que es considerable (yo la leí en su primera edición en Seix Barral, 890 páginas) por el tono de "realismo mágico" que llega alcanzar, sin ser esa la intención. Y es que la historia y las realidades latinoamericanas es tan surreal, que al describirlas tan bien, lo que resulta es una joya de lo real maravilloso, como también lo nombraba Alejo Carpentier.
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