
El jugador
Fedor Dostoyevski
Lectorum 2005
Hace poco me topé con un ensayo que explica la forma de leer un libro, está un poco extenso, como que abudan en muchos ejemplos de contexto y se hace pesado avanzar, y dentro de lo que se explica con generosidad machaca la idea de que hay libros recreativos, otros para obtener información y unos más para modificar nuestro conocimiento del mundo.
Dada esta categoría, me parece un tanto riesgoso el empezar a determinar a los libros por la información que contienen. Por ejemplo, ¿la poesía entraría en la mera recreación? No creo que García Lorca o Baudelaire quedarían en el nivel de simpáticas anécdotas de la pluma.
Ahora bien, no sé si en un sentido estricto o relajado, ¿no al recibir información es latente que podamos modificar nuestra forma de pensar?
Esto viene en relación a que hace unos días me encontré con un texto de Fedor Dostoyevski, El jugador, y me pregunto, ¿será recreativo, de información o cambiara en algo mi forma de ver el mundo?
Esta novela breve de Dostoyevski, contada por el personaje central Alexei Ivanovich, narra una serie de eventos donde el motor es la ambición y las pasiones humanas llevadas a lo más absurdo del azar, donde la dependencia de una muerte, la discreción de los sentimientos y el juego de las apariencias le dan actualidad a lo que se lee en cada frase del autor ruso.
El jugador es un relato que se encarga de exponer lo vago y disperso que es el destino; podemos ver a un sujeto sin mucha suerte en lo sentimental (Alexei Ivanovich está enamorado de una fría e inconmovible Polina) y que tiene, de alguna manera, las piezas que necesita siempre un segundo después; vemos la desesperación de un militar en apuros económicos (la burguesía rusa) que se desespera por no cobrar una herencia (la esperada muerte de una anciana) y su frenético amor (¿o deseo?) por la señorita Blanche (una mezcla de Paulina Rubio y Salma Hayek del siglo XVII).
Este ir y venir, como el de la ruleta de un casino, con sus bandazos en rojo o en negro, se va tejiendo a lo largo del relato. Por momentos la suerte toca a Alexei, en ocasiones es movido al ridículo por Polina, en otras es el guía en el casino donde la ruleta es la tirana, y en otros momentos es esclavo de su eterno giro.
Dostoyevski aprovecha este entorno movedizo para exponer pasiones humanas, se van tejiendo retratos de cada personaje que es un metáfora del su tiempo (y del nuestro, desde luego). No existe miedo alguno en desarrollar a una anciana burguesa que juega su fortuna y así identificar a esa nobleza rusa que dilapidó, como toda nobleza, dinero que no es suyo, del flemático inglés que siempre se comporta como caballero, sobre todo para salirse con la suya en sus negocios, de una francesa ligera, muy ligera, que ve la vida como un consumo de francos para mantener un estilo de vida (la Francia que pierde la guerra de 1870), y así podemos seguir con cada una de las metáforas.
No todo queda ahí, Dostoyevski se da vuelo mostrando los clichés culturales de la época y de la condición humana, basta hacer ganar a Alexei 100 mil francos en la ruleta para que Astley, su británico camarada, le diga “vete a París”, Alexei le pregunta: "¿por qué debo ir a París?" No sé, pero siempre que un ruso tiene dinero es lo que hace, responde Astley. Es natural intuir que Alexei termina en París con la más banal y alegre gastadora de francos (Blanche).
Dada esta categoría, me parece un tanto riesgoso el empezar a determinar a los libros por la información que contienen. Por ejemplo, ¿la poesía entraría en la mera recreación? No creo que García Lorca o Baudelaire quedarían en el nivel de simpáticas anécdotas de la pluma.
Ahora bien, no sé si en un sentido estricto o relajado, ¿no al recibir información es latente que podamos modificar nuestra forma de pensar?
Esto viene en relación a que hace unos días me encontré con un texto de Fedor Dostoyevski, El jugador, y me pregunto, ¿será recreativo, de información o cambiara en algo mi forma de ver el mundo?
Esta novela breve de Dostoyevski, contada por el personaje central Alexei Ivanovich, narra una serie de eventos donde el motor es la ambición y las pasiones humanas llevadas a lo más absurdo del azar, donde la dependencia de una muerte, la discreción de los sentimientos y el juego de las apariencias le dan actualidad a lo que se lee en cada frase del autor ruso.
El jugador es un relato que se encarga de exponer lo vago y disperso que es el destino; podemos ver a un sujeto sin mucha suerte en lo sentimental (Alexei Ivanovich está enamorado de una fría e inconmovible Polina) y que tiene, de alguna manera, las piezas que necesita siempre un segundo después; vemos la desesperación de un militar en apuros económicos (la burguesía rusa) que se desespera por no cobrar una herencia (la esperada muerte de una anciana) y su frenético amor (¿o deseo?) por la señorita Blanche (una mezcla de Paulina Rubio y Salma Hayek del siglo XVII).
Este ir y venir, como el de la ruleta de un casino, con sus bandazos en rojo o en negro, se va tejiendo a lo largo del relato. Por momentos la suerte toca a Alexei, en ocasiones es movido al ridículo por Polina, en otras es el guía en el casino donde la ruleta es la tirana, y en otros momentos es esclavo de su eterno giro.
Dostoyevski aprovecha este entorno movedizo para exponer pasiones humanas, se van tejiendo retratos de cada personaje que es un metáfora del su tiempo (y del nuestro, desde luego). No existe miedo alguno en desarrollar a una anciana burguesa que juega su fortuna y así identificar a esa nobleza rusa que dilapidó, como toda nobleza, dinero que no es suyo, del flemático inglés que siempre se comporta como caballero, sobre todo para salirse con la suya en sus negocios, de una francesa ligera, muy ligera, que ve la vida como un consumo de francos para mantener un estilo de vida (la Francia que pierde la guerra de 1870), y así podemos seguir con cada una de las metáforas.
No todo queda ahí, Dostoyevski se da vuelo mostrando los clichés culturales de la época y de la condición humana, basta hacer ganar a Alexei 100 mil francos en la ruleta para que Astley, su británico camarada, le diga “vete a París”, Alexei le pregunta: "¿por qué debo ir a París?" No sé, pero siempre que un ruso tiene dinero es lo que hace, responde Astley. Es natural intuir que Alexei termina en París con la más banal y alegre gastadora de francos (Blanche).
A lo largo de cada hoja las piezas cambian de forma, de orden, como si apostáramos al rojo y saliera el negro, y al cambiar también cambiara la suerte. Dostoyevski no tiene limitación para llevar a la degradación absoluta a sus personajes, pero en ningún momento hay dramatismo esxtra, sus personajes pagan el precio de sus pasiones, de haber tirado la fortuna de tida una vida por la esperanza de que llegue un doble cero, pero no por salir al paso, sólo por haber retado al destino, a las posibilidades. Dostoyevski, me parece, exalta el ridículo de la vida social, de lo paradójico de tener la mesa puesta y no tener apetito, de tener agua y ansiar champaña, sólo para descubrir que la champaña ni te hace mejor ni te hace sentir mejor.
El jugador, quizás, es un relato sencillo en cuanto al diseño narrativo, probablemente pueda ser catalogada como recreativa, pero me parece que es algo sumamente injusto, cuando la actualidad de las pasiones humanas expuestas mantienen vigencia. Por favor, hay que leer a Dostoyevski, si es que deseamos saber algo del ser humano que podemos ser en cualquier momento.
2 comentarios:
Bueno, a mi manera de pensar no se me hace ni que sea recreativo ni mucho menos importante, pero eso solo a mi manera de ver.
Yo pienso que podria llegar a lo importante pensando en que la vida actual se maneja exactamente a lo que describes, seria muy interesante leerlo aunque en algun momento mencionaste que puede llegar a ser un poquito pesada y la verdad como no tengo muy buenos antecedentes de lectura yo creo que seria trabajoso para mi.
pero al momento de leer lo que tu escribiste se me hizo muy interesante y lo increible e injusta que puede llegar a ser la vida.
SALUDOS..
Gracias por tu comentario. La lectura no resulta tediosa en cuanto a la información, son solo caminos que necesita recorrer el autor para exponer la trama del desenlace (el cuál es muy atractivo y dinámico), digamos que el relato necesita ciertos elementos para cuajar, y bueno, en ello es posible que se pueda perder un poco el ritmo.
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