sábado, 9 de febrero de 2008

Werther, el sufrimiento natural


Werther
Johann Goethe


Dado los tiempos que vivimos, lanzarse al gozo de los clásicos logra replantearnos los dilemas humanos, y sobre todo, descubrir que no hemos variado nuestra naturaleza. Leer Las angustias del joven Werther es una maravillosa oportunidad de adentrarnos en los sufrimientos más básicos del ser humano: cuando se encuentra una causa.

En estos tiempos en donde los modernos “poetas” juegan a decir “es que te quiero gua gua”, leer a Goethe se vuelve una oportunidad de volver los ojos a uno mismo, a la reflexión del ser humano, a sus motivos, a su desesperanza, al sufrimiento heroico, a donde las acciones tienen un valor y peso clave en las consecuencias.

Werther es la descripcipon del joven que sufre por el amor, por la condición humana y su explicación, en la búsqueda de la justicia, de lo correcto, de lo virtuosos, de preguntarse si lo que nos separa en verdad nos separa o es algo construido por nuestros sentidos. Es el retrato de un alma vigorisa que paulatinamente se va asfixiado en las pasiones más elementales.

Werther es la metáfora del espíritu que busca la libertad, apegado al más puro estilo platónico del diálogo interno es que nos vamos adentrarndo en las angustias de un joven (o de una sociedad)que está huyendo o que se está buscando. Goethe logra una reflexión cálida, profunda, donde terminamos siendo ese confidente de sus preguntas y del acto humano.

Quien se adentre en la literatura de Goethe sabrá que entra a una lectura sensual, al origen del Sturm und drang, donde siente en cada carta que gira a Guillermo que las nubes se arremolinan, donde la idea es tormentosa, donde la naturaleza se vacía ante nostros, es el ejercicio del poeta que no sabe que hacer ante el poderío del universo. Goethe es la línea del romanticismo, de esa parte de alma que es posible que todos tengas, y que podemos encontrar cuando dejemos de lado tanto plástico vulgar que acecha nuestro espíritu.
Y si Werther busca en la naturaleza humanas las respuestas, en su ideilización de Carlota es que llega a la expisción del deseo, de un deseos natural, impetuoso, puro y firme, pero que como fatalidad universal, no se puede cumplir, es por eso que resulta glorioso.

El dolor, la expiación, la libreación, la tormenta, el viento, el fuego y la fuerza la naturaleza es encarnada por el sufrimiento de Werther por no tener lo que en verdad descubre que desea, a Carlota. La profundidad del sentimiento es una avalancha de sentimientos, de pasión y de angustia que arrasa al joven; se trata de un camino que cada vez se hace más angosto hasta que encuentra la única solución posible a sus sufrimientos, que es la muerte. El hombre enfrentando su destino, ineludible y sometido por la naturaleza de los eventos.

Pero no se trate de una muerte absurda, necesita tintes heroicos, y en que Werther sólo alcanzará la disculpa y perdón por medio de su amada Carlota, sin saberlo será quien le dé el instrumento liberador, y mas aún, no será un final breve, no puede ser automático, el sufrimiento se presentará como una lluvia de verano que toma su tiempo en formarse y dejarse sentir en la campiña.

Werther es un relato del ser humano a manos del destino, de la duda, de la búsqueda, donde el universo es un cómplice del los sentimientos, que a su vez, son profundos, que su vez son aplastantes, tan densos como el destino.

domingo, 3 de febrero de 2008

La maldición que ni Diosito puede romper



El resplandor
Mauricio Magdalena
Lectorum, 2001

Juan Rulfo es el gran referente sobre la visión del campo mexicano, del mundo indigenista, de ese México que tanto les duele a los políticos mexicanos cada seis años, esos que han sido remitidos a la vulgaridad del folklorismos al estilo “México magia y encuentro”.

En esta ocasión me encontré con una novela que habla del campo mexicano, y resulta agradable leer algo de este tema más allá del referente Juan Rulfo. Maurico Magdaleno es un escritor que desarrolló la novela, la dramaturgia, la biografía, así como estudios críticos de historia y literatura, ¿por qué no es más conocido?, quizá porque la revolución aún no le ha hecho justicia.

Revisando sui biografía (1906-1986), se descubre que su novela El resplandor es una de sus obras más emblemáticas. La historia se significa como un mosaico muy completo, si se me permite la apreciación, tridimensional, pues no se conforma con poner al indígena como víctima, tampoco al político como el verdugo perverso, la sociedad burguesa de la época también aparece, y sin embargo y ni así queda como la indiferente ante el dolor, es decir, con todo lo que se pudiera pensar El resplandor es la exposición del universo mexicano.

San Andrés de la Cal es un pueblo como puede ser cualquiera, ni más pobre ni más miserable que el resto de las comunidades indígenas de este país (o del continente), que trabaja en condiciones desesperantes, en un universo particular donde el progreso, el desarrollo o la suerte, son sólo palabras que se escuchan en cada una de las campañas de los políticos que sólo obtienen ventaja de su número.

El resplandor, paradójicamente inicia con el panorama más negro: la huida, del párroco de la comunidad, la única esperanza de la “indiada” da la mejor explicación que va a englobar a todo el relato: abandono, cerrazón, falta de voluntad, el avanzar sin llegar a ningún lugar. San Andrés de la Cal lo tiene muy claro, hasta Diosito los ha abandonado, lo cuál es algo peor que el final, significa que alguien puede ocupar su lugar.

Magdaleno no resiste la idea de explicar y unificar su relato con algo que remite al pasado "glorioso" de este país, el símbolo de la prosperidad: la hacienda Las brisas, y esta hacienda es importante pues es algo así como ese pasado porfirista que los gobiernos revolucionarios se empeñan (más bien se empeñaban, pues ahora la revolución quedó como un mito del México viejo) en criticar como si se tratara del oscurantismo, pero que no es más que ese pasado que lo tienen marcado en sus hábitos como si fuera una cicatrizen la frente.

¿Pero que es lo verdaderamente trágico en El resplandor?, que se presenta el último engaño, o tal vez el engaño en su nueva dimensión. Saturnino Herrera es lo que viene. Saturnino es un niño huérfano que fue adoptado por el gobernador del estado (Hidalgo) y que a la vuelta de los años regresa como candidato a gobernador. Saturnino encarnará a ese político revolucionario que es el que defiende a los pobres, el que surge de la misma gente, el que tiene la idea de la lucha social, que busca la mejora de los desposeídos, que enfrenta la eterna amenaza de la revolución: los ricos, los burgueses, los reaccionarios. Saturnino herrera es un cachorro de la revolución, es el nuevo hijo bastardo del ogro filantrópico, pero surgido del pueblo mismo.

Mauricio Magdaleno, por medio de su prosa expone pasajes, creencias, costumbres, visiones del que tiene el poder y que ve en Las brisas a su primer y gran negocio, al tiempo que evidencia al indio que desea “una presita para tener agua para sus tierritas”, y que ve en Saturnino la gran oportunidad, pues uno de ello, de los rotos, es el que va a ser el gobernador del estado.

Pero la maldición está latente, Saturnino no dejará de ser nunca “El Coyotito” (su apodo de infancia), y de benefactor pasará a tirano, a ser lo mismo que todo, un animal dañino, no será salvador ni será la promesa del futuro, Saturnino no verá en la gleba sino a peones, indios que ni por ellos mismos se ayudan, que sólo beben pulque y no ven más allá del progreso que él desea, claro, donde Las brisas es el origen de toda ganancia.

Magdaleno expone en su obra todos los enfoques, no hay buenos, no hay malos, sólo se trata de la idea en que se basa este país, y parece que prevalecerá: servirse de México. No hay ideal, no hay plan, no hay mejora, se trata de servirse sin ningún tipo de escrúpulo, sin freno, sin limitante.

Sin embargo, no todo es el fin, Magdaleno expone con claridad que la maldición permanecerá, sí, donde Diosito los ha abandonado el diablo es el que llenará ese espacio, y donde la maldición que empezó con “El Coyotito” se actualizará, como si fuera un mito litúrgico, donde no importa el sueño, la desesperanza o la rebelión, simplemente, seguirán abusando los ricos y los jodidos, jodidos estarán hasta su liberación mortal. El resplandor, por medio de San Andrés de la Cal, de Saturnino Herrera, es tan sólo una estampa que a poco más de 80 años es imagen latente y ladina en nuestra existencia.

sábado, 26 de enero de 2008

Jodorowsky, un narrador onírico


El paso del ganso
Alejandro Jodorowsky
Mondadori, 2001

Alejandro Jodorowsky es un sujeto que, en lo personal, me parece de lo más enigmático. He tenido la oportunidad de disfrutar algunas cosas de él, por ejemplo, La danza de la realidad, una de las pocas biografías que he leído y que es todo un reto para la mente racional del occidental (viajes al centro del universo, diálogos con ancestros, u operaciones con psicomagia).
También tuve la oportunidad de leer La sabiduría de los chistes, que por simple que parezca es de lo más denso. Por medio de chiste se identifican tabús, miedos y confusiones con que vivimos los seres humanos. El título es parte de un gancho para comunicar varios Haikús que desde luego son un reto para la racionaliad.
En esta ocasión me tomo la libertad para recomendar a mis cuatro letores El paso del ganso, una serie de cuentos breves que no por ello dejan de estar cargados de simbolismos.
¿Qué nos podemos encontrar en El paso del ganso?, de todo y nada a la vez. Los cuentos por ser tan breves se significan como retos a la intelectualidad. Podemos saber de un niño que roba voces para ver más alegre a su madre, de niñas que maquillan a muertos, monjas que se incendian por días enteros, ogros que se comen a todos los malos dirigentes de una nación, militares que caminan a paso de ganso para matar a la hormigas, entre otras cosas.
¿Que es lo que se debe tener para leer a Alejandro Jodorowsky?, mente abierta, dejar de intlectualizar, dejar que las imágenes juegen: El último ser humano vivo lanzó la última paletada de tierra sobre el último muerto. En ese instante mismo supo que era inmortal, porque la muerte sólo existe en la mirada del otro.
Esto que puede ser de aparenciencia simple hay que plasmarlo, hay que tener un sentido de balance y de integración del sistema llamado vida, un sistema que es simple y complejo a la vez, pues la vida es una paradoja donde cada elemento se conjuga en un sin fin de momentos que no tiene principio ni fin, que es continuo, y donde el caos es lo que nos permite reconocer a la vida misma.
La lectura de Jodorowsky es simple, pero es compleja porque se ajusta a la realidad de la persona, de su entorno, al de la política nacional o hemisférica, es una lectura global, pero más allá, es una lectura holista. ¿Por qué logra el autor esta profundidad sobre las cuestiones humanas?, porque es posible que sea un predestinado, tan solo hay que ver con ciudado su nombre: Alejandro Jodorowsky, si efectivamente, ojo de oro.
Los escritos de este autor chileno nacido en 1929 no son tristes, son melancólicos, y a la vez hay que darle las gracias por hacer relatos morales que no son cursis ni buscan que cambiemos nuestra vida con amenazas o promesas de vida mejor, sólo se encarga de plantear el escenario y el relato mismo se vuelve un caleidoscopio que se mueve en el sentido que mejor consideremos como el real.
El paso del ganso es una oportunidad de acercarnos al mundo holista, a la interpretación cupantica del la vida, al desorden que nos salva de lo común y ordinario, se trata de un texto negentrópico, lo cual es grato, más cuando vemos en las librerías tanto "texto" de payasos consumados que cuentan sus verdades "duras y descarnadamente", o en darnos la solución a nuestro problema con métodos infalibles.

lunes, 21 de enero de 2008

Un agradable reencuentro 15 años después


Retrato de un artista adolescente
James Joyce


De 1992 recuerdo varias cosas. Éramos testigos de la desintegración de lo que conocimos como la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (eso sí que era nombre), Yugoslavia se enfilaba a una guerra civil (vamos, ya tampoco hay Yugoslavia), en mi casa pensar en una computadora aún sonaba como a ciencia ficción el tener una computadora, México se enfilaba al delirio de pensar que en 1994 sí ganaría el mundial de fútbol (era más sencillo pensar en reunificar a la URSS), entre tantas otras cosas, y por si fuera poco, estaba a la mitad de la carrera de periodismo en la Carlos Septién.

Bueno, en este carrusel de recuerdos también viene a mi mente el que mi maestra de Literatura, Dolores Castro, nos dejó leer un libro llamado Retrato de un artista adolescente, de James Joyce. La mecánica era sencilla: leíamos el libro y hacíamos un reporte de la lectura. Voy a confesar lo que seguramente la maestra supo en su momento: no entendí un carajo del libro.

Me da gusto, y lo comparto con mis cuatro lectores, que me volví a encontrar con el maestro Joyce en este inicio de 2008, y me da gusto porque pude disfrutar un libro muy interesante, que no deja de ser complejo, pero que definitivamente es muy disfrutable en muchos momentos.

James Joyce, más famoso por escribir Ulises, es una autor que bien vala la pena examinar, quizás no sea tan nítido como Dostoyevsky, quizás no es tan sencillo en exponer dilemas estoicos como Chéjov, sin duda no tiene que ver con el estilo cosmopolita de Borges, ya no digamos que caiga en el relato cotidiano como por ejemplo Ibargüengoitia, simplemente Joyce hace un recorrido por la vida y definición de la persona.

Stephen Dedalus es el sujeto que recrea Joyce para exponer los grandes dilemas de un ciudadano que está iniciando el siglo XX lleno de dudas, de incertidumbres que se debate entre el libre pensamiento y el dogma de la religión, así como del papel del arte en el ser humano.

A lo largo de reflexiones y descripciones muy detalladas, que sin duda hacen sentir que se está leyendo a Proust, Stephen se ve envuelto en una serie de polémicas familiares y sociales que debaten la conveniencia del apego al credo católico o al protestante. Este entorno, y que ha hecho tan célebres las pugnas en Irlanda, es que Stephen va moldeando su estilo y preferencia de vida.

¿Dónde está el gran valor de Retrato de un artista adolescente?, en los sentimientos que logra trasmitir. Descripciones sobre el infierno, la injusticia, el motivo del arte, el pecado, y la libertad de pensar se hacen muy cercanas.

Es en charlas o en diálogos internos que empezamos a acercarnos a descripciones tan precisas del infierno que se siente auténtica angustia sobre este lugar. La culpa y el castigo se evidencian en auténticos tormentos de un niño que se va formando en joven, que va definiendo su forma de pensar, sus convicciones, de pláticas con religiosos que no buscan convencerlo de ser católico, sino de no convertirse en protestante.

Stephen lo afirma, es un alma que busca la realidad para poder comprender lo irreal de su alma; que no se atreve a cumplir la eucaristía porque siente angustia que de verdad sea el cuerpo de Cristo y no sea sensible a ello. Stephen es el personaje ideal para exponer que el arte es éxtasis, que lleva a la inacción, a la contemplación absoluta, a exponer lo más bello de la vida, y aún así, sentir que algo sigue faltando.

Leer a James Joyce es uno de los muchos orgullos vanidosos que me ha dado la literatura, digamos que fue como esas citas en donde nos dan alguna máxima y años después comprendemos lo que nos dijeron, pero sin remordimiento; sí, tuvieron que pasar más de 15 años, pero la cita y el placer de encontrar algo bueno me deja más que satisfecho, incluso superando una espantosa traducción española del texto original. Gracias por la semilla que dejó latente mi maestra Dolores Castro

lunes, 14 de enero de 2008

¿Recreativo, informativo o importante?


El jugador
Fedor Dostoyevski
Lectorum 2005
Hace poco me topé con un ensayo que explica la forma de leer un libro, está un poco extenso, como que abudan en muchos ejemplos de contexto y se hace pesado avanzar, y dentro de lo que se explica con generosidad machaca la idea de que hay libros recreativos, otros para obtener información y unos más para modificar nuestro conocimiento del mundo.

Dada esta categoría, me parece un tanto riesgoso el empezar a determinar a los libros por la información que contienen. Por ejemplo, ¿la poesía entraría en la mera recreación? No creo que García Lorca o Baudelaire quedarían en el nivel de simpáticas anécdotas de la pluma.

Ahora bien, no sé si en un sentido estricto o relajado, ¿no al recibir información es latente que podamos modificar nuestra forma de pensar?

Esto viene en relación a que hace unos días me encontré con un texto de Fedor Dostoyevski, El jugador, y me pregunto, ¿será recreativo, de información o cambiara en algo mi forma de ver el mundo?

Esta novela breve de Dostoyevski, contada por el personaje central Alexei Ivanovich, narra una serie de eventos donde el motor es la ambición y las pasiones humanas llevadas a lo más absurdo del azar, donde la dependencia de una muerte, la discreción de los sentimientos y el juego de las apariencias le dan actualidad a lo que se lee en cada frase del autor ruso.

El jugador es un relato que se encarga de exponer lo vago y disperso que es el destino; podemos ver a un sujeto sin mucha suerte en lo sentimental (Alexei Ivanovich está enamorado de una fría e inconmovible Polina) y que tiene, de alguna manera, las piezas que necesita siempre un segundo después; vemos la desesperación de un militar en apuros económicos (la burguesía rusa) que se desespera por no cobrar una herencia (la esperada muerte de una anciana) y su frenético amor (¿o deseo?) por la señorita Blanche (una mezcla de Paulina Rubio y Salma Hayek del siglo XVII).

Este ir y venir, como el de la ruleta de un casino, con sus bandazos en rojo o en negro, se va tejiendo a lo largo del relato. Por momentos la suerte toca a Alexei, en ocasiones es movido al ridículo por Polina, en otras es el guía en el casino donde la ruleta es la tirana, y en otros momentos es esclavo de su eterno giro.

Dostoyevski aprovecha este entorno movedizo para exponer pasiones humanas, se van tejiendo retratos de cada personaje que es un metáfora del su tiempo (y del nuestro, desde luego). No existe miedo alguno en desarrollar a una anciana burguesa que juega su fortuna y así identificar a esa nobleza rusa que dilapidó, como toda nobleza, dinero que no es suyo, del flemático inglés que siempre se comporta como caballero, sobre todo para salirse con la suya en sus negocios, de una francesa ligera, muy ligera, que ve la vida como un consumo de francos para mantener un estilo de vida (la Francia que pierde la guerra de 1870), y así podemos seguir con cada una de las metáforas.

No todo queda ahí, Dostoyevski se da vuelo mostrando los clichés culturales de la época y de la condición humana, basta hacer ganar a Alexei 100 mil francos en la ruleta para que Astley, su británico camarada, le diga “vete a París”, Alexei le pregunta: "¿por qué debo ir a París?" No sé, pero siempre que un ruso tiene dinero es lo que hace, responde Astley. Es natural intuir que Alexei termina en París con la más banal y alegre gastadora de francos (Blanche).

A lo largo de cada hoja las piezas cambian de forma, de orden, como si apostáramos al rojo y saliera el negro, y al cambiar también cambiara la suerte. Dostoyevski no tiene limitación para llevar a la degradación absoluta a sus personajes, pero en ningún momento hay dramatismo esxtra, sus personajes pagan el precio de sus pasiones, de haber tirado la fortuna de tida una vida por la esperanza de que llegue un doble cero, pero no por salir al paso, sólo por haber retado al destino, a las posibilidades. Dostoyevski, me parece, exalta el ridículo de la vida social, de lo paradójico de tener la mesa puesta y no tener apetito, de tener agua y ansiar champaña, sólo para descubrir que la champaña ni te hace mejor ni te hace sentir mejor.

El jugador, quizás, es un relato sencillo en cuanto al diseño narrativo, probablemente pueda ser catalogada como recreativa, pero me parece que es algo sumamente injusto, cuando la actualidad de las pasiones humanas expuestas mantienen vigencia. Por favor, hay que leer a Dostoyevski, si es que deseamos saber algo del ser humano que podemos ser en cualquier momento.

viernes, 11 de enero de 2008

Por la exhaltación de la cultura

Dietrich Schwanitz
La cultura, todo o que hay que saber
Punto de lectura, 2006

Hablar de cultura, al menos de unos años para acá es un tema espinoso, no por evitarlo, sino por no saber con certeza qué puede ser lo relevante, lo que hay que destacar, lo que incluso pueda interesar a públicos cada vez menos interesados en lo que tenga cinco años de pasado.

Una opción que puede ser de utilidad para muchos de los que andamos interesados en trasmitir ideas es La cultura, todo lo que hay que saber, del ensayista Dietrich Schwanitz, autor que de manera sencilla, desinhibida y amena narra lo que hay que saber de la cultura… en Occidente.

Schwanitz (Werne 1940-Hartheim 2004) divide su texto en dos secciones, la histórica-cultural y la que dota al lector de los códigos culturales que hay que aplicar si queremos pasar por cuidadanos del mundo.
El ensayo inicia con una descripción muy entretenida de la mitología griega y llega hasta los principales hechos del año 2000 (salta a la vista que su obra original no alcanzó a contemplar los ataques del 11 de septiembre en Nueva York).

¿Cuál es el valor de este relato histórico?, el establecer una relación de inicio y fin en los Balcanes, región donde las bases del pensamiento y de las conquistas militares han tenido su inicio y fin para Occidente. Donde se va tejiendo la forma en que el feudalismo se afianzó, el que surgieran imperios, invasiones que a la fecha siguen siendo temas abiertos, modos y comportamientos sociales que encientran explicación.

La primera parte de este libro también contempla una descripción quizá breve, pero muy oportuna para cualquier persona que necesita un ABC de la cultura, un ¿por dónde empiezo?, ¿qué es lo que debo considerar?, ¿qué es lo que no debo pasar por alto?, como dice su obra todo lo que hay que saber: Literatura, arte, música, filosofía, ideología dominantes, incluso visiones sobre la historia y debate del sexo.

Schwanitz quiere exponer los atributos de la aventura europea, y sin ánimos de demeritar su obra-testamento, no dejo de desatacar que hubiera sido muy oportuno el que también se considerara el aporte de Oriente. Desde luego no se pretende decir que no sabía nada de ello, sólo que sí destaca el hecho de que pareciera que Europa ha sido el gran motor de la humanidad, ¿será esto cierto?, ¿o es que Europa ha sabido aprovechar y arrebatar protagonismo a Asia y a la siempre sufrida y arrasada África?, eso sin contar el gran caos que cultivó en América.

La segunda sección del ensayo destaca temas como la comprensión del lenguaje, los libros y la escritura, la geopolítica del hombre y de la mujer, algunas ideas sobre la inteligencia, el talento y la creatividad, así como dos apartados que pueden parecer muy obvios, pero que para un joven lector pueden orientarlo fácilmente: lo que hay que saber y lo que no conviene saber de la lectura.

Quizá esta parte sea, para una persona ya adentrada en los códigos culturales, un tanto pesada, digamos que es como un área común donde muchas cosas se infieren, donde mucho de lo descrito ya se aplica, pero un lector joven puede encontrar muchas ideas que puede encontrar atractivas: pueden motivarlo a buscar las fuentes directas, a sentir deseos de leer un clásico que ha sido descrito, de echarse un clavado en la mitología griega y ver la cantidad de erotismo, perversión y lujuria en que se funda nuestra cultura, no olvidar, occidental.
La obra de Schwanitz incluye cronologías, un listado de libros clásicos que no hay que dejar de leer, fragmentos de obras de teatro, un sumario de los temas, en fin, bastante información para actualizarse, para descubrir que practicamente todo lo que tenemos en la actualidad no es más que una copia (y en ocasiones bastante grosera).

Schwanitz, maestro de literatura en la Universidad de Hamburgo y autor de títulos como 'Der Zirkel' (1999), una novela negra en clave de humor crítica del sistema educativo y 'Der Campus', una novela con la universidad como telón de fondo, hace un recorrido ameno por el espectro cultural de Occidente, da pistas al lector de qué es lo que vale la pena, indica algunos tips si queremos pasar por enterados en alguna cena familiar (esos datos que pueden exhibir a cualquier cuñado fantoche), o simplemente confirmar que no andamos por un rumbo tan equivocado en cuanto a criterios estéticos.
No deja de ser paradójico el que una persona que tanto se interesó en la cultura y en el fenómeno social fuera encontrado muerto en su domicilio después de varios días, pero qué se le va hacer, ya lo dijo Chaplin: El tiempo es el mejor autor, pues siempre elige el fin adecuado. Espero que leer las obras de Schwanitz sea una grato reencuentro con las cosas nobles que también puede hacer el ser humano.

lunes, 31 de diciembre de 2007

La moderna cruzada en el Brasil


Por el año de 1972 es que Mario Vargas Llosa se involucra en una investigación de una de las páginas negras de Latinoamérica (como si fueran escasas), y tanto encuentra en esta búsqueda que fue hasta 1980 que se tuvo la versión definitiva de La guerra del fin del mundo, en donde novela lo ocurrido en lo que fue Canudos y una guerra ahí librada.

Canudos se encuentra en la provincia de Bahía, una de tantas regiones que contienen los 8 millones de kilómetros cuadrados del Brasil, y es a finales del siglo XIX que se empiezan a reunir varios factores que desencadenaría un pasaje que se mueve entre los intereses políticos, el fanatismo religioso, el absurdo y uno de tantos intentos por hacer un pretendida sociedad más justa.

Canudos es un lugar miserable, como tantos que sobran en muchos lugares del planeta, donde la llamada expectativa de vida es mero sueño reducido a esperar el momento de morir para por fin descansar, un entorno de abandono, olvidado del mundo, donde la ley de la metrópoli nada tiene que ver con la de salteadores de caminos, hombres de campo, y pillos que son rechazados por las clases acomodadas que tanto “piensan” en darles un mejor futuro.

Es en este entorno, en 1893, que el beato Antonio Vicente Mendes Maciel, mejor conocido como Antonio Conselheiro, recorrió como moderno Mesías estas agrestes tierras para anunciar un nuevo destino para sus míseras vidas, alejados de los vicios del diablo (el can), aceptando para ello a todos los desposeídos, marginados y delincuentes de la zona, vamos el mismo modelo original: un redentor que se allega no a los poderosos, sino a los pobres, a los pecadores, a los que nadie acepta

La novela de Vargas Llosa paulatinamente va tejiendo una serie de historias que resultan conmovedoras a la par de los hechos históricos. Va creando un mosaico de relatos personales que delatan la violencia, la lucha por la sobrevivencia, la exaltación del dolor como mejor justificación de la existencia en pos de algo mejor, después de todo, iban a seguir viviendo en la miseria, al menos ahora el beato les ha dado un motivo, una causa que es noble y pura a sus ojos.

Desde luego, en la urbe, en la capital se toma a este movimiento como agitadores, como trasgresores de la ley, como una amenaza al orden que pretende instaurar la nueva República. Los menesterosos de Canudos son, desde luego, tachados como manipulados por ingleses que quieren desestabilizar a las siempre prudentes y sabias autoridades brasileñas. Ahora, esto no quiere decir que sea ideas de unidad, al más puro estilo de liberales y conservadores se trata de explicar el movimiento, unos tratan de encontrar una oportunidad de escalar, en tanto que los otros ven una amenaza a las buenas costumbres, lo cual no se debe permitir

A lo largo del relato vemos como el dolor y el sufrimiento va tomando un perfil de martirio, pero noble, digno, en que la sociedad de Canudos ha entrado en una fase de comunismo utópico, donde la causa común es enfrentar al enemigo, defender el estilo de vida cristiano, alejados de las leyes de la República, buscando librarse de las obligaciones con los terratenientes locales, y lo peor, dejando de pagar impuestos, ¡es posible solapar mayor ofensa!

La novela va creando espacios donde entran visiones del mundo, el de un terrateniente que ve en la locura de su esposa el mayor precio de la guerra (la mujer enloquece por las pérdidas económicas); el de un periodista que es tan ciego que lo más álgido de la guerra lo sufre entre sombras y gritos por haber destrozado sus lentes; el de un asaltante que de ser el más fiero bandolero termina siendo el más desalmado defensor de la causa del consejero; de un emigrante que quiere la muerte más gloriosa defendiendo la fe y la encuentra en el más tonto de los pleitos entre machos que pelean por una hembra; y así se puede seguir con las estampas que van dando forma a este episodio tan absurdo como sorprendente

La historia registra 4 intentos republicanos por aplastar a este movimiento rebelde, ¿era tal la fuerza y fe de este grupo que no tenía más que un machete y piedras para defenderse?, ¿es una muestra de la debilidad de esos cuerpos castrenses que se empeñan en mostrar fortaleza en sus exhibiciones?, ¿es tan relativamente cercano romper con el dominio de ciertos grupos que más que élites se comportan como castas?, ¿Canudos es un ejemplo de lo que es posible cuando la desesperanza y la miseria se lo han llevado todo?

Sí, es también justo decir que por momentos las descripciones o la abundancia de personajes puede llegar a ser extenuante, en la versión de bolsillo que leí son poco más de 800 páginas de lectura, por eso es que dejo a consideración del lector el que se profundice en este relato, pero no se puede negar que el dramatismo e intensidad que se logra en muchos momentos de la historia hace de la lectura algo muy enriquecedor.