
No sé si sea una virtud o un defecto, pero cuando encuentro a un escritor de mi agrado me vuelvo algo así como un militante. Si fuera un caso de mercadotecnia se puede decir que soy fiel a la marca. Luís Spota es un escritor que me ha hecho seguir su pista de manera particular.
La pequeña edad es una novela que pese a ubicarse en el transe de la decena trágica mantiene actualidad por los dilemas que presenta el escritor. El escenario superficial gira en torno a la familia Rossi atrapada en el fuego cruzado entre fuerzas ¿leales? al gobierno de Francisco I. Madero y los traidores que buscaban derrocarlo.
La actualidad se consolida en un constante dilema de lealtades y cuestionamientos, donde los personajes van sufriendo, se van cuestionando, donde sufren trasformaciones, aunque no por fuerza evolucionen. Por momentos la prosa se recarga en la introspección, en el diálogo con la divinidad, en el cuestionamiento interno, pero a final de cuentas terminan siendo confidencias con que el autor nos involucra en momentos muy lúcidos de su pluma.
La historia inicia con la vida de Aldo Rossi, de origen italiano, comerciante, de vida acomodada, y que está casado con María, mujer obstinada en la dureza, la austeridad y el sacrificio ofrecido a Dios. La pareja tiene como aparente vínculo a Luís Felipe, un niño enfermo de viruela, ¿metáfora de la enferma república, y a la vez llena de un futuro incierto?
Aldo Rossi es un hombre maduro, y sirve como un tipo de amante protector de Betina (mujer que aunque nunca aparece es una sombra permanente en el pensamiento de Aldo), pues la vida marital con María simplemente es inexistente. Aldo sabe que está cerca el tiempo en que tener amante será más por regalos físicos que por fuerza viril. Ese destino parece retrasarlo con Betina. María, por su parte se ha casado con Aldo, porque, pus hay que estar casada. Su vida, herencia de su madre, es vista como sacrificio, como dolor, como negación, cualquier placer mancha, ensucia, la vida es una eliminación de todo tipo de satisfacción, sú único diálogo profundo es con la divinidad, sin que ello elimine momentos de ira, de blasfemia y de interesantes retos a lo sobrenatural. La rutina de los Rossi es simplemente tratar de resolver cada quien su propio dilema vital.
Es este círculo íntimo es que se va desarrollando un círculo externo por la trama político militar. A lo largo de los eventos previos y ya de la decena trágica como tal se discuten teorías, premisas, suposiciones, rumores y cuanto la gente cree es la verdad sobre los momentos de apremio que vive, especialmente el centro de la ciudad, entre el Zócalo y la Ciudadela.
Rossi no es leal a María, pero la confianza que tiene puesta en Madero como el presidente y hombre conveniente del país lo lleva a confiar ciegamente en que éste se mantendrá en el poder (como la terca defensa que hice por algún tiempo del sexenio foxista, perdón por la confesión). Por otra parte, María ve a Madero como el loco, como "ese hombre" que vino a poner el desorden, el que atentó al conveniente orden y gusto porfirista. Spota estuvo lejos de ver los enredos y ridículos del sexenio pasado, pero en La pequeña edad (1964) parece que nos expone el destino que parece tatuaje de nuestro camino: el servirse de México en la búsqueda del beneficio personal.
A medida que los eventos bélicos avanzan se va exponiendo el caos, la miseria, la incongruencia, el desastre de las locuras de las élites. Tiros, gente huyendo, temerosa, cañonazos, militares que no saben por luchan, ni a dónde disparan, pero que cumplen su deber, pues así es esto de la milicia.
Avanzan los hechos bélico, y Rossi, metido en sus angustias, desespera por rescatar a Betina, pero a la vez desea el lógico y heroico triunfo del presidente, por lo que llega al grado de permitir que un cañón de la tropa al mando del capitán Ojeda use su azotea para disparar su cañón en contra de los rebeldes, además de buscar la amistad de Ojeda, en manifestaciones de entre admiración y ternura.
Spota logra, por medio de Ojeda y su tropa extender el dilema emocional de la familia Rossi. De pronto la lucha, el caos, el absurdo, la procacidad está dentro del santuario de los Rossi. Tropa que destruye la casa ocupada, que orina o defeca donde se les antoja, que vive con sus soldaderas momentos escasos de placer corporal, La lucha de clases degrada toma el control de la historia. Pero no hay escapatoria, las calles son una copia de lo que se vive en el interior, suciedad, muertos que tienen que ser apilados e incinerados (en la medida de lo posible), hace que el ambiente esté permanentemente cargado de heces, orines y carne putrefacta.
Ojeda, a su vez, es el claro ejemplo del héroe que sabe que no van a ganar, que su lucha está al margen de las decisiones de los superiores (como si oyéramos a Óscar Chávez y su canción de Román Castillo, quien ya tiene roto su espadín), que su tropa no tiene parque, el rancho en famélico, que siente pena por la miserable condición en que lucha, que no sabe bien a bien cómo explicar el qué o por que hay que hacerlo si no tiene ninguna posibilidad de éxito, que será perdedor por mantenerse fiel a sus propias e inconvenientes convicciones. ¿Ojeda es el pequeño estoico que todos podemos tener dentro en tanto no nos pleguemos a intereses más materiales?
Es en este entorno miserable, de cuestionamientos que diversos detalles mantienen el interés de la novela: Rossi obstinado en conseguir un salvoconducto para poder rescatar a Betina, María que en un momento de debilidad se entrega a la pasión carnal, y con ello empezar a cuestionar su limitada visión de la vida; un Luís Felipe que es parte del conflicto, pero visto como magia, como emoción, donde aún hay un tiempo de bueno y malos.
Para quien se sienta atraído por esta novela encontrará grata la presencia de la servidumbre de la familia Rossi, que mezcla servilismo, lealtad e incluso la insolencia del criado que ya es parte de la familia, por los diálogos políticos que parece que son de apenas hace 3 días (ya sea en México o en Latinoamérica), por los motivos del vecino de los Rossi y su pequeña venganza contra una sociedad escrupulosa, pero especialmente por la forma en que María representa su propia expiación por medio de la muerte de un soldado, manifestación de lo sagrado, de lo carnal, de lo fiel, de lo absurdo, ¿y es que caso no es eso la vida del ser humano?
Luís Spota, en La pequeña edad, da una muestra más de ser una pluma fuerte, ágil, profunda, pero que por ello elitista, que mantiene vigencia, frescura e invita internarse en sus relatos.
La pequeña edad es una novela que pese a ubicarse en el transe de la decena trágica mantiene actualidad por los dilemas que presenta el escritor. El escenario superficial gira en torno a la familia Rossi atrapada en el fuego cruzado entre fuerzas ¿leales? al gobierno de Francisco I. Madero y los traidores que buscaban derrocarlo.
La actualidad se consolida en un constante dilema de lealtades y cuestionamientos, donde los personajes van sufriendo, se van cuestionando, donde sufren trasformaciones, aunque no por fuerza evolucionen. Por momentos la prosa se recarga en la introspección, en el diálogo con la divinidad, en el cuestionamiento interno, pero a final de cuentas terminan siendo confidencias con que el autor nos involucra en momentos muy lúcidos de su pluma.
La historia inicia con la vida de Aldo Rossi, de origen italiano, comerciante, de vida acomodada, y que está casado con María, mujer obstinada en la dureza, la austeridad y el sacrificio ofrecido a Dios. La pareja tiene como aparente vínculo a Luís Felipe, un niño enfermo de viruela, ¿metáfora de la enferma república, y a la vez llena de un futuro incierto?
Aldo Rossi es un hombre maduro, y sirve como un tipo de amante protector de Betina (mujer que aunque nunca aparece es una sombra permanente en el pensamiento de Aldo), pues la vida marital con María simplemente es inexistente. Aldo sabe que está cerca el tiempo en que tener amante será más por regalos físicos que por fuerza viril. Ese destino parece retrasarlo con Betina. María, por su parte se ha casado con Aldo, porque, pus hay que estar casada. Su vida, herencia de su madre, es vista como sacrificio, como dolor, como negación, cualquier placer mancha, ensucia, la vida es una eliminación de todo tipo de satisfacción, sú único diálogo profundo es con la divinidad, sin que ello elimine momentos de ira, de blasfemia y de interesantes retos a lo sobrenatural. La rutina de los Rossi es simplemente tratar de resolver cada quien su propio dilema vital.
Es este círculo íntimo es que se va desarrollando un círculo externo por la trama político militar. A lo largo de los eventos previos y ya de la decena trágica como tal se discuten teorías, premisas, suposiciones, rumores y cuanto la gente cree es la verdad sobre los momentos de apremio que vive, especialmente el centro de la ciudad, entre el Zócalo y la Ciudadela.
Rossi no es leal a María, pero la confianza que tiene puesta en Madero como el presidente y hombre conveniente del país lo lleva a confiar ciegamente en que éste se mantendrá en el poder (como la terca defensa que hice por algún tiempo del sexenio foxista, perdón por la confesión). Por otra parte, María ve a Madero como el loco, como "ese hombre" que vino a poner el desorden, el que atentó al conveniente orden y gusto porfirista. Spota estuvo lejos de ver los enredos y ridículos del sexenio pasado, pero en La pequeña edad (1964) parece que nos expone el destino que parece tatuaje de nuestro camino: el servirse de México en la búsqueda del beneficio personal.
A medida que los eventos bélicos avanzan se va exponiendo el caos, la miseria, la incongruencia, el desastre de las locuras de las élites. Tiros, gente huyendo, temerosa, cañonazos, militares que no saben por luchan, ni a dónde disparan, pero que cumplen su deber, pues así es esto de la milicia.
Avanzan los hechos bélico, y Rossi, metido en sus angustias, desespera por rescatar a Betina, pero a la vez desea el lógico y heroico triunfo del presidente, por lo que llega al grado de permitir que un cañón de la tropa al mando del capitán Ojeda use su azotea para disparar su cañón en contra de los rebeldes, además de buscar la amistad de Ojeda, en manifestaciones de entre admiración y ternura.
Spota logra, por medio de Ojeda y su tropa extender el dilema emocional de la familia Rossi. De pronto la lucha, el caos, el absurdo, la procacidad está dentro del santuario de los Rossi. Tropa que destruye la casa ocupada, que orina o defeca donde se les antoja, que vive con sus soldaderas momentos escasos de placer corporal, La lucha de clases degrada toma el control de la historia. Pero no hay escapatoria, las calles son una copia de lo que se vive en el interior, suciedad, muertos que tienen que ser apilados e incinerados (en la medida de lo posible), hace que el ambiente esté permanentemente cargado de heces, orines y carne putrefacta.
Ojeda, a su vez, es el claro ejemplo del héroe que sabe que no van a ganar, que su lucha está al margen de las decisiones de los superiores (como si oyéramos a Óscar Chávez y su canción de Román Castillo, quien ya tiene roto su espadín), que su tropa no tiene parque, el rancho en famélico, que siente pena por la miserable condición en que lucha, que no sabe bien a bien cómo explicar el qué o por que hay que hacerlo si no tiene ninguna posibilidad de éxito, que será perdedor por mantenerse fiel a sus propias e inconvenientes convicciones. ¿Ojeda es el pequeño estoico que todos podemos tener dentro en tanto no nos pleguemos a intereses más materiales?
Es en este entorno miserable, de cuestionamientos que diversos detalles mantienen el interés de la novela: Rossi obstinado en conseguir un salvoconducto para poder rescatar a Betina, María que en un momento de debilidad se entrega a la pasión carnal, y con ello empezar a cuestionar su limitada visión de la vida; un Luís Felipe que es parte del conflicto, pero visto como magia, como emoción, donde aún hay un tiempo de bueno y malos.
Para quien se sienta atraído por esta novela encontrará grata la presencia de la servidumbre de la familia Rossi, que mezcla servilismo, lealtad e incluso la insolencia del criado que ya es parte de la familia, por los diálogos políticos que parece que son de apenas hace 3 días (ya sea en México o en Latinoamérica), por los motivos del vecino de los Rossi y su pequeña venganza contra una sociedad escrupulosa, pero especialmente por la forma en que María representa su propia expiación por medio de la muerte de un soldado, manifestación de lo sagrado, de lo carnal, de lo fiel, de lo absurdo, ¿y es que caso no es eso la vida del ser humano?
Luís Spota, en La pequeña edad, da una muestra más de ser una pluma fuerte, ágil, profunda, pero que por ello elitista, que mantiene vigencia, frescura e invita internarse en sus relatos.
3 comentarios:
Pues suena interesante no conozco casi nada de la inmensa bibliografia de Spota, salvo "Casi el Paraíso", que no me pareció tan buena como me la habían comentado. Pero bueno, uno puede juzgar nada con solo una experiencia, así que buscaré este titulo a ver qué tal.
Con que esté la mitad de lo bueno de como lo comentas, me conformo.
Un abrazo.
Muchas gracias por tu comentario. Fíjate que Spota me agrada en Casi el paraíso porque creo que expone las miserias de nuestra soberbia y ciega clase gobernante, es decir, gente que nos gobierna, que dicta, que manda, pero le falta algo: legitimidad, prestigio, algo que puede obtener de la nobleza, al menos de lo que quiere ver como nobleza. Esa novela la trabajé bastante en lenguajes 1 y siento que sirvió para encontrar elementos estructurales, además de que no sé, como que me imagino a Rondía como Vicente, lo que no estoy seguro es dónde encuadrar a Martha, pues lo que sobran son personajes advenedizos. En fin, gracias por pasearte por este tu blog.
Gracias por pasar por mi espacio y dejar un comentario sobre Arreola y su enorme amor por la cultura.
Espero poder obtener una copia digital, pero eso no depende tanto de mí, sino del alumno que me hizo el favor de prestarme el libro.
Te mando un abrazo, y seguimos leyéndolos.
Publicar un comentario