Ricardo Garibay
Lectorum 1998
Colección Marea Alta
Hace muchos años veía en la televisión a un señor en un escritorio, normalmente fumaba (¡ay que tiempos!, diría un fumador) y desde ahí se dirigía a la cámara con rostro serio, de advertencia; con severidad soltaba sus ideas. Ricardo Garibay (1923 1999) era este sujeto, y bueno, en su momento no pasó de ahí.
El tiempo pasa y tengo el gusto de leer su novela Triste domingo (1991), posteriormente El dominio del cuerpo (1977) y Pedacería de espejo (1989), donde pude encontrar relatos muy intensos, claros, vamos, que se relacionaron muy claramente con mis gustos literarios.
En esta ocasión me encontré con un pequeño libro de cuentos que desde luego tiene el sello del escritor hidalguense. La tierra prometida es una serie de relatos que descansan en lo más íntimo y profundo de la idiosincrasia mexicana en su transición entre lo rural y lo citadino.
Garibay, hombre creativo que cultivó el teatro, el cine, la novela, cuento, ensayo y la conducción en televisión, entre otras minucias, es uno de esos escritores a los que se les podrá encontrar de todo, menos pedantería, sus personajes son sencillos, y en su simpleza descasa la complejidad de lo que somos como mexicanos, como latinos, y que con todo y las costras de globalización, seguimos teniendo esa forma de ser.
En La tierra prometida podemos encontrar al mecánico que hace su reparación en quince minutos luego de desperdiciar horas en sus sueños lúbricos con la vecina (Todo para el vencedor), una etopeya muy emotiva de un general que pese a sus decisiones siempre fue fiel a la moral y a la conducta noble (El coronel).
El escritor nacido en Tulancingo también encuentra la descripción sencilla y breve dentro del relato mismo (Infancia y Calle 16); sin dejar de lado la semblanza de la leyenda de Juan Paredes (Mazamitla) que de tan valentón y arrojado termina siendo el modelo leyenda que cubre a toda autoridad. En Mazamitla encontraremos un aroma a la pluma de Mauricio Magadaleno con cierta impresión de corrido alegre, pese a los más de 25 años de ocurridos los hechos.
Garibay tiene el toque hasta para exponer lo que es la desgracia de los pobres, de los marginados que embisten a los autos en espera de una compensación monetaria (Tráiler), y que expone lo que mucho caracteriza al latino: obtener dinero, vivir el instante, gozar la buena fortuna hasta que sea necesario buscar una nueva retribución.
Así mismo, el escritor célebre por sus diferencias con “El Púas” Rubén Olivares, crea un relato en donde expondrá la tragedia de todos aquellos que vienen a esta tierra "chilanga" en búsqueda de las soluciones que el campo no les puede dar (La tierra prometida), y con su óptica literaria nos hace ver otra cara de la prostitución, del comercio ambulante, de la “ratería” y de cómo el monstruo urbano va enmarañando a todo aquel inocente que tiene apenas unas horas para adaptarse antes de ser engullido.
Ricardo Garibay me parece un autor agradable, muy honesto, que estuvo del lado de los combativos (Los periodistas, de Vicente Leñero), y que gusta de trabajar a los personales con naturalidad de expresión, de modismos, de vicios y barbarismos que aunque nos duelas son parte de nuestra forma de ser.
El tiempo pasa y tengo el gusto de leer su novela Triste domingo (1991), posteriormente El dominio del cuerpo (1977) y Pedacería de espejo (1989), donde pude encontrar relatos muy intensos, claros, vamos, que se relacionaron muy claramente con mis gustos literarios.
En esta ocasión me encontré con un pequeño libro de cuentos que desde luego tiene el sello del escritor hidalguense. La tierra prometida es una serie de relatos que descansan en lo más íntimo y profundo de la idiosincrasia mexicana en su transición entre lo rural y lo citadino.
Garibay, hombre creativo que cultivó el teatro, el cine, la novela, cuento, ensayo y la conducción en televisión, entre otras minucias, es uno de esos escritores a los que se les podrá encontrar de todo, menos pedantería, sus personajes son sencillos, y en su simpleza descasa la complejidad de lo que somos como mexicanos, como latinos, y que con todo y las costras de globalización, seguimos teniendo esa forma de ser.
En La tierra prometida podemos encontrar al mecánico que hace su reparación en quince minutos luego de desperdiciar horas en sus sueños lúbricos con la vecina (Todo para el vencedor), una etopeya muy emotiva de un general que pese a sus decisiones siempre fue fiel a la moral y a la conducta noble (El coronel).
El escritor nacido en Tulancingo también encuentra la descripción sencilla y breve dentro del relato mismo (Infancia y Calle 16); sin dejar de lado la semblanza de la leyenda de Juan Paredes (Mazamitla) que de tan valentón y arrojado termina siendo el modelo leyenda que cubre a toda autoridad. En Mazamitla encontraremos un aroma a la pluma de Mauricio Magadaleno con cierta impresión de corrido alegre, pese a los más de 25 años de ocurridos los hechos.
Garibay tiene el toque hasta para exponer lo que es la desgracia de los pobres, de los marginados que embisten a los autos en espera de una compensación monetaria (Tráiler), y que expone lo que mucho caracteriza al latino: obtener dinero, vivir el instante, gozar la buena fortuna hasta que sea necesario buscar una nueva retribución.
Así mismo, el escritor célebre por sus diferencias con “El Púas” Rubén Olivares, crea un relato en donde expondrá la tragedia de todos aquellos que vienen a esta tierra "chilanga" en búsqueda de las soluciones que el campo no les puede dar (La tierra prometida), y con su óptica literaria nos hace ver otra cara de la prostitución, del comercio ambulante, de la “ratería” y de cómo el monstruo urbano va enmarañando a todo aquel inocente que tiene apenas unas horas para adaptarse antes de ser engullido.
Ricardo Garibay me parece un autor agradable, muy honesto, que estuvo del lado de los combativos (Los periodistas, de Vicente Leñero), y que gusta de trabajar a los personales con naturalidad de expresión, de modismos, de vicios y barbarismos que aunque nos duelas son parte de nuestra forma de ser.

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