Bajo la rueda Hermann Hesse
Leyenda, 2003
Hermann Hesse es un autor conocido por el su novela El lobo estepario, sin embargo, en esta ocasión deseo profundizar en una de sus obras que no tiene tanta fama, pero que por el sello y estilo del autor tiene mucho que decir sobre el fenómeno humano y su trasformación.
Bajo la rueda (escrita en 1905) es una historia sencilla, incluso desesperante en algunas de sus descripciones que pueden parecer abundantes de acuerdo a criterios modernos de redacción, pero que son el marco que necesita crear el escritor para que su discurso sea coherente.
Hesse, nacido en la ciudad alemana de Calw (la selva negra) en 1877, se distingue como un autor naturalista, sin embargo me parece que tiene algo muy significativo, interioriza al ser humano de una manera tan particular que uno no puede mantenerse ajeno a los textos de su paisano Friedrich Nietzche, lo que en otro momento lo discutiremos.
En Bajo la rueda se expone una sencilla metáfora en donde sabemos que podemos estar en la parte alta o en la parte baja de la rueda (creo que todos hemos sido víctimas de esa expresión por alguna solícita abuelita), sin embargo, desde la pluma de Hesse podemos preguntarnos qué es estar abajo o qué es estar arriba de la rueda.
Es en esta metáfora en que vemos la vida de Hans Gieberath, un joven de alcances académicos brillantes, que es la esperanza toda su comunidad para que llegue a un colegio teológico de Stuttgart. El vicario, el alcalde, el mismo padre de Hans (José) tienen todas las esperanzas de que se convierta en un hombre culto, dueño de la verdad, de excelsas virtudes intelectuales, y es por ello que habrá que ayudarlo, habrá que fortalecerlo: clases de latín, lecciones de griego, estudio de matemática, horas adicionales de estdio filofófico, teológico, lo que sea para el joven Hans, quien no puede estar, de ninguna manera, expuesto al un eventual fracaso. No puede estar bajo la rueda.
La pluma de Hesse nos va dando diversas pinceladas en donde el ambiente veraniego, otoñal e invernal refleja el carácter y ánimo de Hans. Sí, es natural, entra al colegio de teología con el perfil de la responsabilidad que se le ha entregado, obligado a cargar. Pero el autor nos tiene la inclusión de Herman Heilner, un compañero de colegio que tendrá un contrapeso indiscutible en la vida de Hans. De entrada no nada casual las siglas del nombre de este personaje, y que se trata de un estudiante rebelde, inconforme, un espíritu libre, como diría Nietzche, que va a ser definitivo en a vida de Hans.
En tanto trascurre la historia, Hans va sufriendo cambios de perspectiva, de comportamiento, las dudas y los dolores de cabeza son cada vez más intensos, más profundos. El entorno donde está Hans lo percibe, la preocupación de las autoridades es pronta, no pueden permitir que un talento como el de Hans se desperdicie, se pierda, por la nefasta influencia de Heilner.
Una breve vista a la biografía de Hesse ayuda mucho para entender el tono biográfico de Bajo la rueda, es fácil comprender el significado de Heilner como el joven Hesse que manifestó desde su juventud la rebeldía, la búsqueda de algo diferente, de no ser parte del manso rebaño, sino de seguir una nueva guía, más allá de ser el único en ese camino.
¿Pero quién es entonces Hans?, ¿A quién encarna ese joven delgaducho, enfermizo y con serias dudas de su existencia?, la respuesta está la biografía de Hesse, lo que hará más interesante la lectura de la novela.
Sí, la vida de Hans va a cambiar, de estar en la parte alta de la rueda (¿el quería genuinamente estar en la parte alta?) pasa a estar en la incertidumbre de la parte baja (¿de acuerdo a Hans o de la sociedad?), el discurso de Hesse ahora se torna en la vida cotidiana, en la vulgaridad en que vive casi todo mundo. Ahí es que Hans entra en la espiral de los pensamientos internos y las posibles salidas que encuentra.
En los diferentes pasajes que vive Hans poco a poco se va haciendo un repaso de lo que fue su vida antes y después de sus estudios de teología (o de haber conocido a Heilner), y que son las dudas que supondríamos son naturales a todo aquel que desee observarse en una nueva perspectiva, el punto es: ¿nos gustará lo que encontremos en esa nueva perspectiva?
Cuando el lector descubra el final que Hesse encuentra para el joven Hans descubrirá que la descripción es clara y reflexiva: “Allá van esos caballeros que lo empujaron a esto…No se preocupe, amigo. Sólo he querido referirme a los profesores que tuvo”.
A lo largo de las cuartillas de Hesse podemos conocerlo, pero más importante, podemos conocer al ser humano, que es, sí, ese lobo depredador, del que más adelante nos ocuparemos.
Bajo la rueda (escrita en 1905) es una historia sencilla, incluso desesperante en algunas de sus descripciones que pueden parecer abundantes de acuerdo a criterios modernos de redacción, pero que son el marco que necesita crear el escritor para que su discurso sea coherente.
Hesse, nacido en la ciudad alemana de Calw (la selva negra) en 1877, se distingue como un autor naturalista, sin embargo me parece que tiene algo muy significativo, interioriza al ser humano de una manera tan particular que uno no puede mantenerse ajeno a los textos de su paisano Friedrich Nietzche, lo que en otro momento lo discutiremos.
En Bajo la rueda se expone una sencilla metáfora en donde sabemos que podemos estar en la parte alta o en la parte baja de la rueda (creo que todos hemos sido víctimas de esa expresión por alguna solícita abuelita), sin embargo, desde la pluma de Hesse podemos preguntarnos qué es estar abajo o qué es estar arriba de la rueda.
Es en esta metáfora en que vemos la vida de Hans Gieberath, un joven de alcances académicos brillantes, que es la esperanza toda su comunidad para que llegue a un colegio teológico de Stuttgart. El vicario, el alcalde, el mismo padre de Hans (José) tienen todas las esperanzas de que se convierta en un hombre culto, dueño de la verdad, de excelsas virtudes intelectuales, y es por ello que habrá que ayudarlo, habrá que fortalecerlo: clases de latín, lecciones de griego, estudio de matemática, horas adicionales de estdio filofófico, teológico, lo que sea para el joven Hans, quien no puede estar, de ninguna manera, expuesto al un eventual fracaso. No puede estar bajo la rueda.
La pluma de Hesse nos va dando diversas pinceladas en donde el ambiente veraniego, otoñal e invernal refleja el carácter y ánimo de Hans. Sí, es natural, entra al colegio de teología con el perfil de la responsabilidad que se le ha entregado, obligado a cargar. Pero el autor nos tiene la inclusión de Herman Heilner, un compañero de colegio que tendrá un contrapeso indiscutible en la vida de Hans. De entrada no nada casual las siglas del nombre de este personaje, y que se trata de un estudiante rebelde, inconforme, un espíritu libre, como diría Nietzche, que va a ser definitivo en a vida de Hans.
En tanto trascurre la historia, Hans va sufriendo cambios de perspectiva, de comportamiento, las dudas y los dolores de cabeza son cada vez más intensos, más profundos. El entorno donde está Hans lo percibe, la preocupación de las autoridades es pronta, no pueden permitir que un talento como el de Hans se desperdicie, se pierda, por la nefasta influencia de Heilner.
Una breve vista a la biografía de Hesse ayuda mucho para entender el tono biográfico de Bajo la rueda, es fácil comprender el significado de Heilner como el joven Hesse que manifestó desde su juventud la rebeldía, la búsqueda de algo diferente, de no ser parte del manso rebaño, sino de seguir una nueva guía, más allá de ser el único en ese camino.
¿Pero quién es entonces Hans?, ¿A quién encarna ese joven delgaducho, enfermizo y con serias dudas de su existencia?, la respuesta está la biografía de Hesse, lo que hará más interesante la lectura de la novela.
Sí, la vida de Hans va a cambiar, de estar en la parte alta de la rueda (¿el quería genuinamente estar en la parte alta?) pasa a estar en la incertidumbre de la parte baja (¿de acuerdo a Hans o de la sociedad?), el discurso de Hesse ahora se torna en la vida cotidiana, en la vulgaridad en que vive casi todo mundo. Ahí es que Hans entra en la espiral de los pensamientos internos y las posibles salidas que encuentra.
En los diferentes pasajes que vive Hans poco a poco se va haciendo un repaso de lo que fue su vida antes y después de sus estudios de teología (o de haber conocido a Heilner), y que son las dudas que supondríamos son naturales a todo aquel que desee observarse en una nueva perspectiva, el punto es: ¿nos gustará lo que encontremos en esa nueva perspectiva?
Cuando el lector descubra el final que Hesse encuentra para el joven Hans descubrirá que la descripción es clara y reflexiva: “Allá van esos caballeros que lo empujaron a esto…No se preocupe, amigo. Sólo he querido referirme a los profesores que tuvo”.
A lo largo de las cuartillas de Hesse podemos conocerlo, pero más importante, podemos conocer al ser humano, que es, sí, ese lobo depredador, del que más adelante nos ocuparemos.
1 comentario:
No conozco esta obra del Premio Nobel de Literatura. Pero seguramente, y a juzgar por tu excelente reseña, se trata de una obra interesante y que buscaré para poder darte un comentario más completo.
Te mando un abrazo.
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