jueves, 19 de julio de 2007

Nelly y su departamento


Sentía la boca tan amarga como las cervezas que apenas unas horas antes habían corrido por su garganta. El sol brillaba en la ventana que tenía al lado derecho de su cama. Sólo abrió los ojos, pero la pesadez del su cuerpo le impidió moverse, no sentía deseos ni de estirarse, tan sólo abrió los ojos, no le importaba la molestia en el cuerpo, en el estómago, que aunque se incendiaba ya era una sensación conocida.

Sólo sus ojos se movían, parecía como si estuvieran siguiendo a la sombra que jugaba en las cortinas. Su habitación tenía el aire totalmente enrarecido, pero no importaba, estaba solo, quería estar solo, ansiaba que todo lo que ocurriera fuera de su habitación fuera fantasía, sueño, un engaño de sus sentidos, un engaño más.

Minutos, minutos, más minutos pasaban y no conseguía aclarar su mente. Trataba de recordar el momento en que había empezado todo, el instante en que se dejó guiar por algo que tal era instinto, que seguramente era vanidad, que fue la decisión peor tomada en el momento más inapropiado. Necesitaba repasar la película una y otra vez, pero cada vez que esto ocurría algo se distorsionaba, cambiaban los diálogos, las respuestas, los gestos, el ordenamiento de la cosas, el impacto de lo vivido. Era ver una película que en cada exhibición se transformaba.

¿Qué pasó por su mente cuando le dijeron: a que no te atreves?, –ese fue el momento en que su mente empezó a articular ideas- . Estaba ebrio, hacía calor, era agobiante la intensidad de las luces que de ese antro que no dejaba pensar con claridad. Sí, era una chica algo extraña, estaba sola, pero buscando, algo tosca de facciones, algo raro había en ella, pero había mucha agitación, había mucho alcohol, había mucho que exaltaba los sentidos, todo estaba conjugado para que él aceptara el reto y le invitara una copa más.

Claro –pensó-, eso de quedar como héroe es lo que me movió, lucir ante los demás, no quedarme con ganas de sentir algo, finalmente soy joven, soy guapo, son un modelo, soy admirable, ¿qué me puede pasar?, nunca me ha pasado nada, ¿por qué no me puedo atrever?

Maldito sea el momento en que di ese paso –al tiempo que se pasa la mano por la comisura del labio-. Ahora es tarde, ya estoy totalmente embarrado, hasta el cuello. Que si lo vemos con calma, desde otro lugar, nada me obliga, nada me compromete, en tanto sea discreto, después de todo, ¿es realmente posible que sea descubierto?

El sol avanzaba por la ventana, imitaba un fuga, ya era tiempo de levantarse, pero un nuevo arrebato de memoria lo dejó en la misma posición en que ya tenía rato: podemos ir a mi departamento –decía esa voz exquisita-, eres un chico agradable y creo que podemos pasarla bien.

Cuando volvió a repasar ese momento un nervio vibró en su brazo, parecía que había vuelto a revivir esa emoción de haber ligado tan fácilmente: todo gracias a un par de caballitos de tequila, sin duda estaba de suerte, y podía presumirlo ante las sonrisas maliciosas y algo envidiosas de sus compañeros.

Su departamento –recordaba- era sencillo, pero eso era lo de menos, él iba a lo que le correspondía, no estaba para fijarse, una cama sin cabecera no era tan o más digna que el asiento trasero donde conoció por primera vez el deseo satisfecho.

Pero si todo iba muy bien…, -meditó-, bueno, eso creo, porque tanto alcohol me dejó tan bruto que ya no me importaba qué hacía, ni con quien estaba, ni lo que hacía…, que buey, de verdad que no recuerdo nada, pero claro, cuando te encuentras a la mañana desnudo en la habitación de una mujer con la que pudiste pasar un rato divertido todo es diferente. En serio, qué podía estar mal, quién me podía reclamar algo.

Alzó sus manos, se jaló con algo de violencia sus cabellos al tiempo que se dijo con severidad: qué carajos vas a hacer…

Apenas unos instantes pasaron de su reflexión cuando la voz de su mujer le gritó desde la planta baja: ¡Mi amor, ya va a estar el desayuno, no te tardes, recuerda que tenemos que ir con mis papás!

Se quedó en silencio, no supo que responder, sabe que las palabras que salgan de su cavernosa garganta no serán adecuadas, serán graves, serán hoscas, serán tan diferentes a cuando se anda a la caza de una mujer solitaria, con deseo de ser acompañada y bañada de caricias.

Claro –se convence-, nadie tiene que saber, ¿pero ella estará tan tranquila todo el tiempo?, vamos, no podrá tener la curiosidad como la que tuve al meterme en las sábanas de Nelly ese día. ¿Qué hubiera pasado si tan sólo me visto y salgo del departamento, sin despertarla, claro, fue mi deseo no satisfecho de horas antes lo que me llevó a meterme a lado de su cuerpo, si no hubiera tenido tantos deseos no hubiera pasado nada. Nada se puede hacer, el mal momento ya pasó. Quien me oyera en este momento diría que estoy loco, además de tener su desprecio y asco asegurado.

En fin, tengo que levantarme, tengo que desayunar con una buena sonrisa, tengo que acompañar a Lucía con sus papás, también es bueno que los niños vean a sus abuelos, si tengo suerte podré estar en casa a eso de la media tarde, y si tengo aún mejor fortuna nadie me preguntará nada cuando salga. Todo depende si al rato encuentro a Samuel y no tiene nada que hacer, y así poder llevarle ese cuadro pintado con crayones para que su departamento no esté tan simple.

Caray, -pensó- ¿porqué tenía que meterme entre sus sábanas esa mañana?, ¿cómo enfrentar la mentira hacia Lucía?, ¿es que Samuel me lleva a la verdad de mí?, ¿por qué tendré que ser tan feliz en ese departamento en días como estos?

2 comentarios:

Salvatore dijo...

Interesante relato. Aunque hubo una parte en medio en donde siento que se torna un poco confuso.

En general me agrado bastante.

Un abrazo.

Carlos López Praget dijo...

Muchas gracias por tu comentario, desde luego quye tendré más cuidado para el siguiente experimento. El tener´tu comentario crítico me motiva a pensar mejor las cosas. Saludos y mucha suerte.